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¿Brecha social o educativa? Se requiere una comprensiva reforma fiscal, elevar la calidad de la educación, fortalecer el sistema de salud y restaurar la infraestructura vialSegún la Encuesta Nacional de Ingresos yGastos de los Hogares 2004, del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC),Costa Rica ha experimentado cambios profundos. En el período comprendido entre 1988 y 2004, se produjerontres variantes importantes: se modificó el modelo de desarrollo, la economía creció, pero se amplió la brecha social. ¿Podemos culpar al modelo de desarrollo por el deterioro en la distribución del ingreso? Nuestra posición se expone en este editorial. El INEC constata que "el estilo de desarrollo" costarricense pasó de la sustitución de importaciones y gran influencia estatal a otro caracterizado por la apertura comercial, promoción de exportaciones, atracción de inversiones y liberalización de precios (precisamente, el modelo que se quiere modernizar y profundizar con el TLC). Este cambio produjo, a su vez, variaciones en los patrones de gastos y en el nivel y distribución del ingreso de los hogares costarricenses. El patrón de consumo varió, y se incorporaron otros bienes y servicios en las respectivas canastas de los consumidores, algunos de los cuales exigen mayor capacidad de pago, como educación. Los mejores ingresos y salarios se dieron en el sector informal, precisamente para puestos con mayor educación. Y conforme la economía creció a un promedio real del 4,7 por ciento anual, todos los niveles de ingreso aumentaron alrededor del 34 por ciento (promedio), pero los de los estratos más altos se duplicaron en términos reales, mientras que los de los más bajos solo crecieron un 7 por ciento. Como consecuencia, la brecha social se expandió. En 1998, el ingreso per cápita del quintil más adinerado (una quinta parte del total), excedía 11 veces el ingreso per cápita del quintil más bajo; ahora, es veinte veces mayor. Medido por el coeficiente de Gini (que mide el grado de desigualdad de la población), la sociedad se polarizó: en el 88, era de 0,36; ahora, es de 0,48. La lectura rápida y fácil de las cifras anteriores conduciría a un diagnóstico equivocado. Se podría aducir que el crecimiento de la producción según un esquema de apertura al comercio internacional conduce, necesariamente, a una polarización de la sociedad. Y eso no es cierto. Primero, debe destacarse que todos los segmentos de la población se beneficiaron del crecimiento de la producción. Durante ese período, el desempleo se mantuvo en niveles relativamente bajos, inferiores al 6 por ciento, uno de los más bajos de Latinoamérica. Si la economía y el empleo no hubieran crecido, la pobreza y desigualdad habrían sido mucho mayores. Otro elemento importante es que los mejores salarios se pagaron en puestos que exigen mayores niveles educativos y tecnológicos, ambos relacionados con los requerimientos de los mercados modernos y la competencia internacional. Si Costa Rica no se hubiera abierto para competir exitosamente en el comercio internacional, los ingresos generados habrían sido los de los sectores agrícolas, donde precisamente son más bajos. Y, aunque la distribución del ingreso se hubiera mantenido igual, el nivel general de riqueza del país se habría estancado. Y se habría producido la justicia del jorobado: todos iguales, pero encorvados. La mala distribución del ingreso no es culpa del modelo económico, sino del modelo de educación y la deficiente distribución de los ingresos estatales en servicios complementarios de salud, infraestructura y demás. Si el Estado se hubiera encargado de educar bien a la población, un mayor número de personas habría tenido acceso a los mejores puestos de trabajo en el sector terciario (servicios), mucho mejor remunerados que los de los sectores primario o secundario, cuya participación en la conformación del PIB ha venido decreciendo. Y de ahí se deriva una lección muy importante: si el país quiere seguir creciendo a tasas elevadas en términos reales y si desea, además, mejorar la distribución del ingreso, en vez de abortar el modelo de apertura y competencia en los mercados nacional e internacional, debe reforzar (urgentemente) la educación para que más y más costarricenses se incorporen a esa creciente fuerza de trabajo, mejor remunerada. Pero, si aborta el modelo y cierra sus puertas al comercio internacional, condenaría a la población a conformarse con los empleos de menor remuneración. Bien señaló don Víctor Hugo Céspedes, director del INEC, que la creciente brecha entre los ingresos de ricos y pobres no revela en sí deficiencias del modelo productivo, sino de la acción estatal. Lo malo no es que el ingreso de los primeros se haya duplicado, sino, más bien, que el de los segundos solo haya crecido un 7 por ciento (entre las causas se cita la fuerte inmigración de trabajadores no calificados que compite con los ubicados en los quintiles más bajos y la mayor escolaridad de los trabajadores en los quintiles más altos). No hay que cortarles las alas a los empresarios ni a la fuerza laboral. Para poder volar, Costa Rica no necesita modificar el modelo económico, sino, más bien, modernizar la estructura de gastos e ingresos del Estado. Tal y como enfatizaron el presidente electo, Óscar Arias, y otros candidatos presidenciales, la educación es el principal reto. Es imperativo recobrar la capacidad de raciocinio y de expresión escrita y hablada, poseer un nivel cultural básico y reforzar el estudio del idioma inglés, la tecnología (fortaleciendo el INA) y las demás ramas del saber, pero con un sentido práctico de formación personal y de las necesidades de la producción. Debe tenerse presente que la cantidad de gastos en educación no necesariamente conduce a lograr mejores resultados en la fuerza laboral. La calidad y la cobertura son los factores que cuentan. Pero sí es necesario destinar a esos fines (no necesariamente al Estado) mayores recursos. Y aquí entra en juego la función redistributiva de los impuestos. Como dice don Abel Pacheco, los ricos deben pagar como tales y los pobres recibir la ayuda estatal necesaria para mejorar, entre otras cosas, su educación. Pero se equivoca radicalmente al abogar por el paquete fiscal cuya tramitación encontró inconstitucional la Sala IV. Ese paquete, lejos de promover la equidad, más bien la profundiza al eximir o gravar a tasas más favorables los ingresos que perciben, precisamente, los contribuyentes ubicados en el quintil más alto de ingresos. El proyecto propuesto, al igual que la ley actual, conceden privilegios a los ingresos típicos de las familias con mayores ingresos, como intereses, dividendos y ganancias de capital. Y grava desmedidamente los salarios de la clase media. Por eso, lo hemos adversado. Y por eso, también, abogamos por una comprensiva reforma fiscal para que los recursos disponibles se reorienten a satisfacer las necesidades y mejorar las condiciones de los habitantes ubicados en los primeros quintiles de la sociedad costarricense, contrariamente a lo que en la actualidad sucede. Hay que solucionar primero la brecha educativa para poder solucionar la social.
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