Ronulfo Jiménez
La Nación surge en un mundo desgarrado por la Segunda Guerra Mundial y por el inicio de la guerra fría. Es un mundo que intenta reconstruir las economías, restablecer el comercio internacional y formar las instituciones económicas mundiales.
En medio de este escenario mundial, la Costa Rica de 1948 es un país de 800.000 habitantes, eminentemente agrícola, especialmente cafetalero y bananero. Es un país en ebullición en torno a la reforma social del Dr. Rafael Angel Calderón Guardia y que se encamina a los enfrentamientos bélicos de 1948.
En los 50 años de vida de La Nación, la economía de Costa Rica ha conocido períodos de auge y estabilidad, así como de crisis e inestabilidad.
El crecimiento y estabilidad
La economía costarricense desde la postguerra hasta 1970 se caracterizó por el alto crecimiento, por la estabilidad de precios y por la reducción de la pobreza. El alto crecimiento económico fue posible gracias a la combinación de múltiples elementos, entre los cuales están: la ampliación de la frontera agrícola, la mejora tecnológica especialmente en agricultura, la inversión en nuevos productos agropecuarios (carne y azúcar) e industriales destinados al Mercado Común Centroamericano, la inversión extranjera directa y la inversión pública en infraestructura y en capital humano. A todos estos factores hay que sumar el alto dinamismo de la economía mundial.
En este período al "modelo agroexportador" se le agregó el "modelo de sustitución de importaciones". El elemento más importante de este último fue la política proteccionista del sector industrial al amparo del Mercado Común Centroamericano. La reducción de la pobreza en este período fue posible gracias a que el crecimiento económico se manifestó en el aumento de la demanda de trabajo, y los operarios se incorporaron al mercado laboral en mejores condiciones de productividad como consecuencia de la inversión estatal en educación y en salud.
La estabilidad de precios fue la característica fundamental del período. Esta fue defendida por un Banco Central independiente bajo el liderazgo de Rodrigo Facio y Jaime Solera. La inflación, en promedio, fue inferior al 1 por ciento anual.
Entre crisis y bonanzas
La economía costarricense de los setentas e inicios de los ochentas se caracterizó por el menor crecimiento y la inestabilidad. La estrategia de sustitución de importaciones que había dado dinamismo a la economía en los sesentas lleva en los setentas a un menor crecimiento económico, dado el reducido tamaño de la economía costarricense.
En los setentas se inicia la aventura del Estado empresario, que llevaría al derroche de los recursos nacionales. Por otro lado, hay un marcado énfasis en las políticas de combate a la pobreza financiadas con impuestos al trabajo asalariado.
La economía costarricense en los setentas se ve sometida a dos crisis petroleras y a una bonanza cafetalera que contribuyen a la inestabilidad macroeconómica. Sin embargo, es la pérdida de independencia del Banco Central, durante la administración del presidente Figueres, la que acentuó en mayor medida los procesos inflacionarios internos. Los setentas e inicios de los ochentas fueron marcados por la extravagancia en el manejo de las finanzas públicas y los intentos en posponer los ajustes mediante el uso del endeudamiento externo. Finalmente, la crisis estalló en 1981 y 1982 y significó el empobrecimiento del país.
El ajuste estructural
Sacar el país del empobrecimiento de la crisis de 1981 y 1982 implicó un cambio en la orientación de la política económica. Los tres ejes de esta nueva política económica fueron la apertura, la reforma financiera y la reforma del Estado. Esta ha sido la tendencia en un mundo que se ha caracterizado por la formación de bloques económicos, por la desaparición de las economías planificadas y por un fuerte cambio tecnológico, especialmente en el campo de la información.
En este período el país logra reactivar un moderado crecimiento económico, especialmente mediante la diversificación y expansión de las exportaciones de bienes y servicios. La expansión de la demanda de trabajo, especialmente proveniente de estas últimas, junto con la existencia de una mano de obra relativamente calificada (en comparación con otros países subdesarrollados) permitió un dinamismo en el mercado laboral que se reflejó en la disminución del desempleo, el aumento de los salarios reales y la disminución de la pobreza. Todo esto como tendencia en el período 1982-1984.
Sin embargo, en los dos últimos años la tendencia se ha revertido, y en 1996 La Nación cumple sus cincuenta años en medio de la recesión, la incertidumbre y la desesperanza a causa de los errores y de la indefinición en la conducción de la política económica. Pero, a pesar de todo esto, la Costa Rica de 1996 es muy diferente de la de 1946: más rica, más urbana, menos agrícola y, sobre todo, con mejores condiciones de vida para su población.