142 colegios redujeron fuga de alumnos en 57% entre 2011 y 2013

Mística de docentes salvó a

6.000 colegiales de desertar

De no ser por los esfuerzos en 142 colegios públicos, hoy habría 6.000 colegiales menos en las aulas donde estudian más de 320.000 muchachos. Yocelyn Gómez no estaría planeando su futuro en la universidad, Kevin González seguiría trabajando en una construcción y Eduardo Vargas no habría descubierto que es capaz de sacar buenas notas. Aunque habían dejado sus estudios, estos tres limonenses tuvieron una segunda oportunidad porque sus profesores no se dieron por vencidos hasta verlos regresar a clases.

El plan para traerlos de vuelta incluyó visitas de los docentes a sus casas, tutorías, becas y motivación mediante el arte y el deporte. Todo eso con una dosis de calor humano para hacerlos sentir importantes. Sus colegios, el Diurno de Limón y el de Pacuare, en esa misma provincia, destacan en esa quinta parte de secundarias públicas donde la cantidad de desertores cayó de forma sostenida entre 2011 y 2013.

En todas esas instituciones, la fuga de alumnos disminuyó de casi 11.000 en 2011 a 4.600 el año pasado. Mientras eso sucedía, su matrícula se mantuvo por encima de los 60.000 jóvenes. Al reducir el abandono de las aulas en un 57%, estos colegios fueron vitales para lograr la menor tasa de deserción de la última década: un 10% el año pasado.

Las cifras surgen de un análisis de La Nación hecho a partir de bases de datos del Ministerio de Educación Pública (MEP), las cuales contienen la información de matrícula inicial y abandono a final de año en las 643 instituciones que existían en 2011 en todo el país. Se estudió su comportamiento para ese año y los dos siguientes, tanto en el plano general como por modalidades (académica y técnica diurna y nocturna).

La baja consecutiva en la #desercióncr de esos 142 centros se destaca en medio de resultados cambiantes que presentan otros 429 colegios (67% del total examinado), donde la tendencia es un sube y baja, de un año a otro.

En otro 7% de instituciones el indicador de abandono estudiantil incrementó y solo en un 4% la cantidad de desertores se mantuvo o del todo no hubo retirada de alumnos entre 2011 y 2013.

Además de la mística docente, en el Colegio Técnico Profesional (CTP) de Liberia atribuyen la retención de estudiantes a los cambios en los planes de estudio, como los realizados en Matemática, Ciencias y Educación Física.

“Las reformas de los programas nos ayudan a interesar a los estudiantes en la materia”, asegura Erick Espinoza, profesor de Música en ese colegio.

Además, han desempeñado un papel relevante las mejoras en el comité de evaluación para adecuaciones curriculares, las becas de Avancemos y las de transporte.

“Liberia es muy caliente como para trasladarse a pie desde barrios como Nazareth, a diez kilómetros del colegio. El esfuerzo por abrir nuevas rutas de bus es una herramienta esencial para combatir el ausentismo”, comenta Milton Rojas, director del colegio.

Las ayudas sociales también promovieron mejores indicadores en la sección nocturna del CTP de Hojancha, en Guanacaste. Allí, la distancia y la pobreza son las mayores barreras para mantener a los alumnos en las aulas, dice Braulio Miranda, rector del centro.

La institución dio la lucha por el derecho a obtener becas del programa Avancemos y por abrir rutas de transporte a comunidades localizadas a dos horas de distancia. Tras ganar la batalla, la #desercióncr bajó de 51% en 2011 a 13% dos años después.

En otros colegios, como el de Pacuare, sobresale el apoyo de la Fundación Acción Joven, una organización privada que trabaja con docentes y alumnos para resolver los problemas que causan la exclusión.

Las estrategias.

Conozca cómo influyeron una banda, el 'cricket' y los docentes para poner freno a la fuga de estudiantes en los colegios de Pacuare y Limón.

El impacto positivo de un profesor comprometido también lo reconocen los investigadores del Estado de la Educación. Sin embargo, Isabel Román, coordinadora de ese programa, advierte que la lucha contra la exclusión no puede depender solo de la buena voluntad de un docente o director comprometido con su trabajo.

Román considera urgente la creación de un sistema de monitoreo que vigile aspectos como rendimiento y ausentismo para alertar a los centros educativos, direcciones regionales y al MEP sobre potenciales desertores. Además, subraya que el Ministerio debe centrar la atención en el reclutamiento y contratación de funcionarios, no solo para atraer a los mejores, sino también para darles condiciones que propicien un buen desempeño.

“El enlace principal del estudiante es con el docente. Si este no está comprometido porque da clases hasta en cuatro colegios, no da lecciones atractivas o no se interesa por los alumnos, persistirá una debilidad estructural y seguiremos renqueando”, vaticina la investigadora.

Esos cambios no se vislumbran en el corto plazo. El exministro de Educación, Leonardo Garnier, argumenta que las mejoras en el proceso de selección de docentes y la posibilidad de garantizar que den clases en un solo colegio dependen de un cambio en el Estatuto del Servicio Civil.

Provincias con más deserción redoblan esfuerzos por bajarla

Como Yocelyn Gómez, quien este año se graduará del Liceo Diurno de Limón y planea entrar a la Universidad de Costa Rica (UCR), otros jóvenes limonenses tienen ahora más incentivos para quedarse en el colegio.

En la provincia caribeña, 20 de las 74 secundarias disminuyeron la deserción continuamente entre 2011 y 2013. En esas instituciones solo desertaron ocho de cada 100 estudiantes. Tres años atrás, lo hacían 21. Así, Limón alcanzó las mejoras más significativas del país, junto con Puntarenas.

En esa otra provincia costera, 26 de los 100 colegios redujeron el abandono escolar a la mitad. Pasaron de 22 a 11 desertores por cada 100 alumnos en los últimos tres años. El Colegio Nocturno José Martí es donde más disminuyó la salida de alumnos. En 2011, la institución cargó con la segunda peor deserción del país (59%), pero el año pasado la logró bajar a un 23%.

“Desde que llegué a la dirección en 2012, le hemos puesto ganas. Conseguimos más becas de Avancemos, abrimos un comedor, retomamos un grupo de teatro y celebramos convivios. No solo en los diurnos se deben promover actividades extracurriculares”, dijo Christian Mondragón, director del José Martí, quien también destacó la relevancia de la capacitación brindada por Acción Joven. “Aprendí mucho sobre las prácticas de los directores exitosos”, enfatizó.

Las mejoras en Limón y Puntarenas son particularmente relevantes por ser las dos provincias donde más alumnos se pierden. Si bien ahora son menos, los retos para ambas regiones siguen vigentes.

“Faltan, por ejemplo, psicólogos y trabajadoras sociales para atender los casos más fuertes. Al nocturno vienen muchachos que no se adaptaron al sistema”, puntualizó Mondragón.

El San Luis Gonzaga: el colegio más grande del que pocos se van

Todas las mañanas, más de 2.600 estudiantes cruzan los portones de los tres edificios del colegio San Luis Gonzaga, en Cartago. Esta institución pública, con más de un centenario de existencia, congrega la mayor cantidad de alumnos entre las 484 académicas diurnas del país.

A pesar de eso, cuando finaliza el curso lectivo muy pocos de sus pupitres quedan vacíos. En promedio, solo el 2% (65) de los estudiantes desiste de continuar su educación. Una de las claves de la permanencia de los jóvenes radica en un programa de inducción para sétimos y décimos, grados donde se fuga el mayor porcentaje de alumnos, revela Franklin Solano, director de la secundaria.

Ambos programas se enfocan en charlas sobre métodos de estudio para enfrentar nuevas materias y profesores, fortalecer valores y conocer los alcances de la Ley Penal Juvenil. Al finalizar la semana, los muchachos asisten a un paseo para estrechar la confianza y la amistad.

“Quizás algunos ven la inducción como una pérdida de tiempo, pero prefiero que no se abrumen por el cambio de un año a otro. Es ganar tiempo para que no se vayan”, dice Solano. + leer más ... Prestigio atrae a alumnos

Permanencia en las aulas no basta si falta educación de calidad

Retener a más estudiantes en los colegios es un paso clave, pero la meta más importante es que permanezcan en las aulas hasta terminar una formación de calidad. Esa debería ser la prioridad de la educación costarricense, coinciden los investigadores del Informe del Estado de la Educación.

“Hemos hecho del combate a la deserción un fin en sí mismo cuando no lo es. No se trata de retener por retener a los muchachos, sino de que culminen una educación de calidad y eso no lo estamos logrando”, señala Isabel Román, coordinadora del Informe.

A criterio del exministro de Educación, Leonardo Garnier, su gestión apostó por atender las carencias de calidad mediante reformas a los programas de estudio, cuyo fin es promover la formación de alumnos más críticos y capaces de solucionar problemas.

Con esas modificaciones curriculares la esperanza es que baje el fracaso escolar y que los jóvenes estén más contentos con el aprendizaje. Sin embargo, el impacto de estos cambios depende de que los docentes del MEP estén preparados para aplicarlos, señala Garnier.

El reto de capacitar a miles de docentes es mayor al considerar que provienen de más de 250 carreras de educación de distinta calidad. Garnier también coincide en que la deserción como indicador es relevante, pero no es lo esencial.

“Es muy importante bajarla, pero ese es un indicador secundario del principal, que es la tasa de cobertura, es decir, el porcentaje de muchachos que está en el colegio y se mantiene ahí”, dijo.

En la actualidad, la cobertura bruta de secundaria ronda el 90%; no obstante, apenas 46 de cada 100 jóvenes culmina sus estudios. En el caso de estudiantes de hogares donde la educación de los padres no supera la primaria, las probabilidades de éxito se reducen a una tercera parte.

Según Román, el mejor antídoto para combatir la deserción es ofrecer una educación de tal calidad que motive a los alumnos a terminar sus estudios. Prueba de ello son los nueve colegios científicos del país, donde no existe el abandono estudiantil.

Dejar inconcluso el colegio limita las posibilidades de un futuro mejor, pues condena a los jóvenes a ser un 20% más pobres el resto de sus vidas, concluye un estudio realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

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