Por: Gerardo Ruiz R. 16 septiembre, 2015

Ana Cervantes Salguero se gana la vida vendiendo hilos y agujas en las calles de San José.

La mujer, de 43 años, es una de las jefas de hogar que el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) procura rescatar de la pobreza extrema.

Mientras eso sucede, Cervantes recorre los bulevares capitalinos con un pesado fardo: el recuerdo de su hijo de 16 años, quien falleció en una riña en León XIII, Tibás, este año.

Sin embargo, también, la acompaña la esperanza de que sus otros tres hijos (dos varones y una mujer) no sean víctimas de las circunstancias violentas que afrontan mientras crecen rodeados de miseria.

La familia vive en un incómodo segundo piso, sin vidrios en las ventanas, ni electricidad, que alquila la madre a punta de mil esfuerzos.

Según el IMAS, el 83% de las familias de Puente al Desarrollo son lideradas por mujeres sin un trabajo formal.

Con una sonrisa, maltratada por una alergia que avanza en su rostro, Ana cuenta que el Estado la va a ayudar a fin de que su hija consiga una beca para estudiar cocina en el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

Pero antes, la familia pide a la cogestora Kiara Martínez, del IMAS, que les ayude a limpiar la hoja de delincuencia de la adolescente, debido a algunos hechos en los que se ha visto envuelta, los cuales Cervantes no precisó.

Ese obstáculo le impide a la joven obtener un empleo que le permita a la familia sobrellevar un poco mejor su situación.

“A mí me urge sacar a mis hijos de este lugar. No quiero que sufran lo mismo que mi hijo, que murió por no tener mejores oportunidades”, comentó Ana, mientras mostraba la enfermedad que le agrieta la piel y su subsistencia, pues le impide salir a vender sus hilos y agujas a pleno sol.

Abrazada a su hija y a la esperanza de un mejor mañana, Ana clama por ayuda para que el Estado le pague un seguro médico.