La encargada de la plata del Gobierno insistió en que no hacer nada sobre los gastos y los ingresos públicos llevaría la situación a una deuda del 68% para el 2021

Por: Aarón Sequeira 2 marzo
La tesorera nacional, Martha Cubillo, compara las finanzas del Gobierno Central con las de una familia a la que pronto nadie le va a querer prestar más.
La tesorera nacional, Martha Cubillo, compara las finanzas del Gobierno Central con las de una familia a la que pronto nadie le va a querer prestar más.

Nada fácil la tiene la tesorera nacional, Martha Cubillo, en una situación como la actual, en la que muchas instituciones piden y piden, y los bolsillos del "papá gobierno" están cada vez más vacíos. La jerarca considera que se debe realizar una reforma profunda del Estado, que revise y cambie la forma de gastar por parte de las instituciones públicas.

De hecho, la jerarca de la Tesorería Nacional alerta de que nada se gana con generar más recursos frescos si la estructura actual del Estado no cambia: "P odríamos tener muchos ingresos, pero tenemos que buscar cómo reformar las instituciones que tenemos y que nos están generando gastos. E n mi concepto, como tesorera, estamos duplicando gastos en muchos casos".

Cubillo aseguró que no hay forma de sanear las finanzas del Gobierno central si no hay una modificación que controle los gastos que siguen consumiendo los impuestos que pagan los costarricenses. Así lo dijo el miércoles en un foro organizado en la Asamblea Legislativa, en el que también participó el viceministro de Egresos, José Francisco Pacheco.

Las vías posibles

"Tenemos que buscar soluciones al déficit fiscal, por vía de gasto como se ha hablado aquí (en la Asamblea Legislativa), por vía de reforma organizacional del Estado y por vía de ingresos, pero los tres elementos son sumamente importantes", sentencia la encargada del tesoro nacional.

Modificar el patrón de gastos públicos, tal como se aplica en familias con deudas inmanejables, es también la mejor vía para asegurar que los tributos puedan seguir financiando la operación de la administración pública, explica la tesorera.

Si el barco gubernamental sigue sin una reforma, la deuda del Gobierno central llegará al 68% del Producto Interno Bruto (PIB) advierte la tesorera, tal como ya lo ha hecho el Ministerio de Hacienda.

"Uno podría decir, si llevamos una reforma mediana, sencilla, como la que hoy tenemos, lo que estamos haciendo es nuevamente ganar tiempo para las agencias calificadoras que nos han estado generando tiempo -y que ya hoy nos dijeron: no les damos más tiempo-", enfatiza Cubillo.

En otras palabras, la tesorera siente que a la familia del Estado pronto nadie le va a querer prestar, por tener hijos tan gastones y que simplemente no quieren modificar sus hábitos, que son pedir siempre la misma plata, todos los años, sin gastarla o gastándola mal.

"Cuando usted tiene un faltante en sus finanzas (...), para cumplir las obligaciones se tiene que recurrir a deuda, se genera acumulaciones de deuda y tarde o temprano los inversores no van a querer colocar deuda con nosotros, hasta llegar a un momento en que perdamos credibilidad", explica Cubillo.

Por eso, considera que el problema realmente no es la deuda, sino la diferencia que persiste entre los ingresos que tiene esta "familia" y la mano tan suelta que tiene para deshacerse de esa plata.

El juego del presupuesto

Por el momento, Hacienda cree que se gana algo en el camino, negociando con las instituciones para que ejecuten lo que tienen en la Caja Única del Estado, por subejecución, y que pidan menos en el presupuesto.

José Francisco Pacheco explica que ante la obligación de cumplir con algunas transferencias establecidas por ley, a las que ya están más que obligados hasta por sentencias judiciales, solo les queda esa salida de negociar con las instituciones.

"Nosotros incorporamos, a través de la Tesorería Nacional, justamente aquello de demuéstreme que ocupa la plata. O sea, la transferencia existe presupuestariamente, pero el juego real está en saber si se ejecuta en su totalidad o si va a quedar un 'sobrante presupuestario', tradicionalmente llamado subejecución", expone el viceministro de Egresos.

Eso implica trabajar y negociar con las entidades para ejecutar solo lo ejecutables, que los responsables demuestren que requieren el dinero que solicitan.

Ya en el 2015 se hicieron movimientos de este tipo, que liberaron en la Caja Única ¢60.000 millones en transferencias. Ese dinero, según Pacheco, probablemente habría terminado en pasivos acumulados "por años y años", y no en bienes y servicios.

Aunque el viceministro reconoce que ese efecto se diluye en medio de la situación financiera nacional, considera importante hacerlo.

"Cuando se llega a que la Sala Constitucional -o la Sala Primera, como en el caso de los giros al Patronato Nacional de la Infancia- nos obligue a cumplir lo que dice la ley, se cumple, pero eso no asegura que la institución cumpla al 100% lo que se le está pasando. Igualmente el juego es presupuestar, pero después negociar según necesidades reales y no giros ciegos", sentencia el viceministro de Egresos.