Costarricenses que viven en EE. UU. pasaron de 16.691 a 126.428 en 40 años

Por: Daniela Cerdas E. 29 noviembre, 2015
Ivannia Castillo comenzó a trabajar hace cinco años cuando su esposo no le volvió a enviar las remesas de las que ella y sus hijos dependían. Castillo trabaja en un bar en el centro de Santa María de Dota (foto del centro). Gilberth Chacón pasa el tiempo en su cafetal y extrañando a sus dos hijos que viven en Estados Unidos. | ALBERTH MARÍN.
Ivannia Castillo comenzó a trabajar hace cinco años cuando su esposo no le volvió a enviar las remesas de las que ella y sus hijos dependían. Castillo trabaja en un bar en el centro de Santa María de Dota (foto del centro). Gilberth Chacón pasa el tiempo en su cafetal y extrañando a sus dos hijos que viven en Estados Unidos. | ALBERTH MARÍN.

El presentimiento de que su esposo nunca regresaría, tal y como sucedió con su padrastro, motivó a Ivannia Castillo a oponerse rotundamente a que su marido se fuese a trabajar a Estados Unidos.

Pese a que esta vecina de Santa María de Dota amenazó con terminar la relación, su cónyuge se fue con la promesa de que solo sería por dos años, mientras reunía el dinero para hacer una casa y dejar de alquilar. Sin embargo, él no volvió.

Rupturas similares sufren decenas de familias de Pérez Zeledón, León Cortés, Dota y Tarrazú que reportan altos porcentajes de hogares con parientes en el extranjero.

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Ivannia Castillo labora en un bar en el centro de Santa María de Dota.

Entre 1970 y el 2010, la cifra de ticos que emigró a Estados Unidos pasó de 16.691 a 126.418, según un estudio del Centro de Investigación de Cultura y Desarrollo (Cicde), de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).

Gustavo Gatica, investigador del Cicde, explicó que el estudio incluyó consultas a 358 hogares que tienen miembros en Estados Unidos y a 301 personas que desean irse para allá.

Uno de los principales hallazgos del análisis es que los costos sociales de la migración son muy altos en comparación con los beneficios económicos.

“Mejoran los ingresos de los hogares y la estabilidad económica, pero esto no compensa la ruptura familiar: matrimonios disueltos, hijos que nunca ven más a sus padres o papás que no volvieron a ver a sus hijos”, manifestó Gatica.

Ivannia Castillo puede dar cuenta de ese drama. Hace ocho años, ella se quedó aquí con un niño de 1 año y una niña de tres.

“Él me mandó remesas el primer año; luego ya no. Dependíamos de esos $200 que mandaba por mes. Me enteré por Internet que tenía otra familia allá; él me confesó que ya tenía otra vida.

“Todo el pueblo sabe que él me dejó botada con los chiquitos, pero yo los saqué adelante; de él no sé mucho ya”, contó la mujer, quien recientemente tuvo una segunda hija fruto de otra relación.

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"Yo a Estados Unidos lo malquiero porque todos se van y no regresan. Mis hijos se fueron y vienen a visitarme, pero no es lo mismo. Están muy lejos y eso es mucho sufrimiento. La plata no da felicidad; mi felicidad es mantener a la familia unida". Gilbert Chacón.

Motivaciones. En el caso de Gilberth Chacón, vecino de calle Higuerón en Santa María de Dota, dos de sus hijos se fueron hace 20 años al país del norte en busca de mejores oportunidades. Una se marchó cuando tenía 21 años, y otro cuando cumplió 18.

“Aquí había mucho desempleo. A los dos les va bien allá; han comprado propiedades, tienen casa, carro (...). Pero yo no vi a mi hijo durante 14 años. El sufrimiento ha sido muy grande. Ellos me dicen que me pagan los tiquetes para que los visite allá, pero yo detesto Estados Unidos porque me ha quitado media vida, me ha quitado a mis tesoros. Yo ahí no voy”, indicó Chacón, de 67 años.

Chacón dijo que en Dota “hay muchas mujeres solas” porque sus esposos se fueron en busca del sueño americano con la promesa de darles una mejor vida.

Según el investigador de la UNED, las motivaciones de los ticos para emigrar son: mejores condiciones de vida (36,13%), ahorrar y luego retornar (30,25%) y buscar empleo (21,43%).

Hija de migrante: 'Conozco a mi padre solo por foto'

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El padre de Valeska Fonseca, de 17 años, se fue cuando ella tenía un año con el fin juntar dinero para arreglar la vivienda en la que vivían en Dota.

Valeska tiene dos álbumes llenos de fotografías de su papá, pero en ninguna de esas fotos sale junto a ella.

El papá de esta joven se fue a Estados Unidos cuando ella tenía un año. Ahora, su muchacha está punto de cumplir 18.

Al principio, él anunció que solo estaría fuera por cinco años, mientras juntaba el dinero necesario para arreglar la casa en donde vive Valeska, sus tres hermanos y su madre, en la urbanización Guayabal, en Santa María de Dota.

También, había planes de ponerse un negocio familiar. Pero nada de eso ocurrió: la casa está igual que hace 17 años, no tienen negocio y tampoco papá.

“Solo conozco a mi papá por fotografías. Él se fue cuando yo tenía un año, mi hermana seis , mi hermano siete y el menor tenía 40 días de nacido.

”A pesar de que no lo conozco en persona, no tengo curiosidad por conocerlo porque, como nunca tuve una figura paterna, no me hace falta”, dijo Valeska.

Durante 15 años, la familia de Valeska vivió del dinero que mandaba su progenitor.

Esta familia dependía de los $250 semanales que su padre les enviaba producto de su trabajo en un restaurante. Sin embargo, hace dos años no volvió a comunicarse con ellos.

Henry Fonseca, de 24 años, es hermano de Valeska y tiene leves recuerdos de la presencia de su padre en su vida, como las salidas a comer y su trabajo en un supermercado de la zona

“Estuvo presente por teléfono cerca de 12 años. Nos extrañamos mucho cuando no volvió a llamar más. Hay gente que dice que lo ha visto allá y le ha dicho que estamos esperando su llamada.

”Mi mamá cree que va a volver; ella ha pensado muchas cosas. Dice que seguro perdió la memoria y no nos recuerda. Ella todavía lo espera. En mi caso, si viene no lo voy a despreciar”, dijo Henry.

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La cantidad de remesas desde Estados Unidos a Costa Rica supera los $600 millones anuales. Según Gatica, este monto duplica el valor anual de las exportaciones de café a Costa Rica y representa el 1,5% del producto interno bruto (PIB).

Trafico de personas. Nueve de de cada 10 entrevistados que mostraron deseo de marcharse hacia Estados Unidos, dijeron que no utilizarían un coyote.

El esposo de Ivannia Castillo pagó $10.000 a un sujeto para que lo llevara hasta allá.

“Él le dejó de garantía al coyote la casa de su papá en Pérez Zeledón. Al final, se pagó todo el dinero al tipo ese y la casa quedó liberada. Durante un tiempo sentí mucho resentimiento con él, cuando no tenía qué darle de comer a mis hijos; luego se me pasó. Allá cada quien”, contó Castillo.

Aún así, ella no se considera una mujer sola. “Tengo a mis hijos y un trabajo”, recalcó esta empleada de bar.