Por cuarto año, el sacerdote de la parroquia corrió a lanzar dulces en la plaza de deportes del lugar

 20 abril, 2014

En San Rafael Arriba de Desamparados llovieron confites, este domingo. Por cuarto año consecutivo, cientos de niños, jóvenes y adultos se congregaron en la plaza de deportes para celebrar la Resurrección de Jesús de una forma diferente.

La tradición la llevó al pueblo el padre, Fernando Hernández, párroco del lugar quien corrió por toda la plaza con un saco de confites al hombro. al concluir la procesión con la imagen del “resucitado”.

Vestido con sotana y tenis, para desplazarse sin problemas, el cura se detuvo en varios puntos para lanzar los dulces. Así, repitió la escena hasta dejar vacíos los sietes sacos de confites aportados por la feligresía.

“De esta forma, acercamos la fiesta de la Resurrección a los niños, porque en una fiesta siempre hay confites y ¿cómo no los iba a haber en la Pascua, también'”, afirmó el religioso.

Todo empezó en Tucurrique. El sacerdote explicó que esta tradición realmente se originó en Tucurrique de Cartago, hace 25 años, y lo ha acompañado en todas las comunidades donde ha servido.

Como en otras parroquias, tras la celebración de la Vigilia Pascual, la noche del sábado, “teníamos un ágape y servíamos aguadulce y pan, entre otras cosas, para los adultos, pero no había nada para los niños”, relató.

Así, el cura comenzó con la tradición de obsequiar confites a los pequeños, el Sábado Santo.

Luego, el número de quienes pedían dulces aumentó y, de igual forma, creció la cantidad de confites donados, por lo que trasladó la fiesta para el Domingo de Resurrección.

La actividad tuvo variaciones y, ahora, en San Rafael Arriba de Desamparados, el padre sale a lanzar los confites en la plaza de deportes del lugar.

“Quiero que los niños experimenten la alegría de la Resurrección de Cristo, que ellos sientan que la Iglesia comparte su experiencia de vida y que no los excluye”, insiste el clérigo.

Año con año, la cantidad de fieles que participan crece en esta fiesta.

Este domingo, hubo cerca de 1.000 personas y, sin importar la edad, todos corrieron detrás del "padre Fernando", como le llaman todos, esperando que lanzara los esperados confites.