Al acto, que comenzó a las 10 a.m. y que se prolongó hasta la 1 p.m., asistieron todos los miembros de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

 17 mayo, 2014

Tras haber sido consagrado como el nuevo obispo de la diócesis de Ciudad Quesada, monseñor José Manuel Garita Herrera dijo, en su primer mensaje a los sancarleños, que se ocuparía de los más pobres y de los migrantes que viven en esta región del norte del país.

“Quiero ser padre y pastor, amigo y compañero de camino de todas las familias, pero particularmente de los más pobres, los desempleados, los olvidados, los jóvenes y los inmigrantes”, dijo el párroco de 49 años.

La diócesis a su cargo abarca 9.209 km2, incluye los cantones de Los Chiles, Guatuso, San Carlos, Sarapiquí de Heredia y Heredia, así como los distritos Río IV de Grecia, Peñas Blancas de San Ramón y San Miguel de Alajuela.

Se estima que en esa zona viven 150.000 nicaragüenses, muchos de ellos indocumentados y en condiciones socioeconómicas lamentables

“A todos esos sectores de la población quiero acercarme para que sientan el apoyo de la Iglesia y para llevar la esperanza y el gozo del Evangelio. Creo que la Iglesia es un ente que puede hacer mucho por cambiar la realidad de los habitantes de la región”, dijo Garita tras ser consagrado en una ceremonia que estuvo presidida por monseñor José Rafael Quirós, arzobispo de San José.

Al acto, que comenzó a las 10 a.m. y que se prolongó hasta la 1 p.m., asistieron todos los miembros de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

También estuvieron presentes los obispos de Guatemala, El Salvador, Panamá y el cardenal nicaragüense Leopoldo Meneses.

La catedral registró una asistencia masiva, al punto de que en los exteriores se colocaron toldos y silla para que los que no tuvieron cupo adentro del tempo siguieran la ceremonia por televisión.