Por: Vanessa Loaiza N. 29 abril, 2013

El modelo de concesiones renquea en Costa Rica desde sus orígenes. Sin embargo, algunos proyectos han sobrevivido.

El primero de ellos fue la concesión de la carretera San José-Caldera, criticada desde todos los frentes: por los taludes inestables, por el precio del proyecto y, luego, por la escasa supervisión por parte del Estado.

La deuda del proyecto: lograr recuperar la radial a Atenas, que está cerrada desde julio del 2010, cuando un sismo provocó la caída de los empinados taludes.

Otro de los más lentos ha sido el plan para construir un nuevo puerto granelero en las actuales instalaciones de Caldera.

Aunque la Sociedad Portuaria y Granelera de Caldera asumió las viejas instalaciones desde agosto del 2006, apenas en febrero pasado empezó la construcción del nuevo puesto de atraque.

Durante casi siete años hubo reclamos sindicales, objeciones en Sala IV y negociaciones sobre el precio de las obras, que empantanaron su construcción.

La promesa ahora es que el muelle granelero esté listo en setiembre del 2014.

En Guanacaste, se completó la construcción de la nueva terminal del aeropuerto Daniel Oduber. La obra de 23.000 metros cuadrados se inauguró en enero del 2012.

Al país le costó $35 millones y quedará bajo administración del consorcio Coriport durante las próximas dos décadas.

Por último, y si nada pasa en el camino, en octubre se daría la orden de inicio para la construcción de la nueva terminal de contenedores de Moín.

Se trata de la concesión más cara del país, supera los $1.000 millones en obras y la primera fase debería estar lista en el 2016.