Por: Mercedes Agüero 16 septiembre, 2012
 Yauricia Solano fue todo fervor ayer. | GESLINE ANRANGO PARA LN
Yauricia Solano fue todo fervor ayer. | GESLINE ANRANGO PARA LN

Santiago Vargas incursionó ayer en las fiestas patrias. Lo hizo en Pavas, vestido de campesino: camisa blanca, pantalón azul, alforja al hombro, pañuelo rojo al cuello, chonete y un finito bigote.

¿Cuántos años tiene?, le pregunto. No dice ni una palabra, pero lentamente despliega dos dedos y me los muestra. De la mano tiene a su tía abuela Marjorie Arce, quien lo anima a sonreírle a la cámara. Santiago, aún ajeno a la historia, no tiene claro por qué lo han vestido así, ni a qué obedece tanto bullicio a su alrededor, pero su tía abuela tiene un objetivo.

“Lo traigo para que aprenda a ser costarricense y a celebrar las fiestas patrias”, manifestó.

A unos 20 kilómetros de Pavas, en la ciudad de Alajuela, encuentro a Yauricia Solano. Esta abuela de 92 años se apuntó a desfilar vestida de blanco, azul y rojo de pies a cabeza.

Se coló entre los niños y jóvenes para marchar y bailar a su propio ritmo con alegría contagiante.

De pronto, la abuela se convirtió en el alma de la fiesta y muchos hasta la llamaban para tomarse fotos con ella.

“A mí me gusta trabajar por la patria. Me gusta hacer patria”, me dice, en oraciones cortas, poco claras y sin parar de bailar.

Es vecina de Ojo de Agua de Alajuela y, según contó, el traje típico que lucía se lo regaló un ministro de Seguridad Pública cuyo nombre no logró recordar.

Santiago y Yauricia dejaron claro ayer que para celebrar a la patria no hay edad.