Usuarios retomaron servicio con temor a un nuevo accidente

Por: Diego Bosque 13 abril, 2016
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Para reemplazar los dos trenes Apolo que colisionaron frontalmente el viernes anterior, el Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer) debió echar mano de dos viejas locomotoras. Solo así podía evitar la suspensión de los viajes y seguir cumpliendo con los horarios.

Las dos unidades involucradas en el accidente trasladaban, según el Instituto, a 4.000 pasajeros por día. Cada convoy tiene capacidad para 250 personas y realiza cuatro viajes en la mañana y cuatro en la tarde.

La entidad aún no precisa cuánto costará el arreglo de los ferrocarriles dañados ni el tiempo que tomará su reparación.

“Este es un problema serio, es un golpe fuerte para el Incofer. Perdimos dos trenes que tienen capacidad, entre los dos, para 500 pasajeros y no es peccata minuta , no nos lo podemos tomar a la ligera”, expresó Guillermo Santana, presidente ejecutivo del Instituto.

En el país hay disponibles 18 ferrocarriles: 13 tipo Apolo y otras cinco locomotoras.

Estos equipos deben satisfacer la demanda de 3,6 millones de pasajeros al añ o y recorrer, de lunes a viernes, los más de 60 kilómetros de vía férrea que cubre el Incofer en la Gran Área Metropolitana (GAM).

La institución comunicó ayer que espera precisar las causas del accidente la próxima semana y, a partir de allí, tomar decisiones sobre posibles sanciones.

Melvin Gutiérrez, gerente de Operaciones del Incofer, afirmó que el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) está realizando, de forma paralela, una investigación sobre este asunto.

“Ellos (OIJ) acordonaron el sitio de la colisión por varias horas y tomaron fotografías para su investigación”, dijo Gutiérrez.

El choque ocurrió en Mata Redonda, San José, a las 6:30 a. m., y dejó 107 personas heridas.

Cobertura. De acuerdo con el Instituto Nacional de Seguros (INS), el Incofer cuenta con una póliza de responsabilidad civil general, la cual vence el 14 de mayo.

Mario Granados, abogado del Instituto, aseguró que la cobertura colectiva es hasta por ¢300 millones; es decir, en caso de un percance, ese monto se distribuye entre el número de afectados.

El último reporte indica que 21 personas requirieron atención en centros hospitalarios y nueve fueron remitidas para terapia en el Hospital del Trauma.

Desconfianza. Varios pasajeros consultados este martes, en la estación de tren al Pacífico, expresaron temor por un nuevo accidente, así como dudas sobre el sistema de control de las salidas de las locomotoras.

“Obviamente, al saber lo que pasó el viernes, uno queda con susto”, dijo Katherine Hidalgo, quien usa el tren desde hace seis meses para ir a su trabajo en Pavas. La joven aborda todos los días el viaje de 8:05 a. m. “El día del accidente, yo venía a tomar el tren, pero me enteré por las noticias de lo que había pasado y me fui en autobús”, relató la mujer.

A pesar del aparatoso percance y el deterioro del servicio, los pasajeros afirman que seguirán utilizando este medio de transporte para evitar las presas.

“Claro que uno queda con miedo, porque no sabe si va a volver a pasar otra vez. El señor (maquinista) se queda medio dormido”, manifestó Verónica Quesada, quien usa la ruta a Pavas desde hace tres meses.

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