Por: Alberto Barrantes C. 12 mayo, 2013
 Flora Betanco usa las aguas del río Combate, en Los Chiles, para lavar ropa y su aseo personal. En el mismo cauce baña a los caballos. | CARLOS HERNÁNDEZ
Flora Betanco usa las aguas del río Combate, en Los Chiles, para lavar ropa y su aseo personal. En el mismo cauce baña a los caballos. | CARLOS HERNÁNDEZ

Cuando el recurso es escaso y todos dependen de él, no queda más que compartirlo.

Sin embargo, la sequía en la zona norte ha obligado a que ganado y humanos utilicen la misma fuente de agua para sobrevivir.

En una misma quebrada, teñida por el café de la tierra que se ubica en Botijo de Los Chiles, vacas y caballos llegan a saciar su sed y de paso contaminan el agua con sus excrementos.

Ahí también lava ropa y llena baldes para hervir Flora Betanco, quien narra la desesperación de vivir una situación tan crítica tras el descenso de lluvias en la zona. El agua de las tuberías en estos momentos es escasa.

“Que Dios me libre de una enfermedad grave. Aquí es terrible, pero tampoco podemos dejar que los animales se nos mueran de sed”, expresó Betanco.

Crisis. En Botijo de Los Chiles, Dagoberto Soto camina 500 metros todos los días para sacar agua de una quebrada que cruza la finca de su familia y llevarla hasta casa de sus padres debido a que los pozos del pueblo se secaron a consecuencia de la falta de lluvias.

En barrios aledaños, varios vecinos han abierto pozos artesanales, de donde solo extraen líquido maloliente con barro.

“La poquilla agua que sacamos es casi negra y así no nos sirve de nada”, dijo María Cristina Núñez, vecina de Los Chiles.

Ante esa situación, Núñez describe que sus hijos caminan hasta ocho kilómetros, dos o tres veces por semana, a la comunidad de Cuatro Esquinas para recoger en botellas el agua que les regala el dueño de un supermercado.