Por: Álvaro Murillo 19 abril, 2014

“Alguien debería decirles que eso del carril reversible es un peligro”, dijo en broma. Sostenía seis bolsitas de tiras amarillas de mango y veía con desazón cómo la fila del peaje no llegaba a más de seis carros.

Lo del carril reversible lo decía en broma, está claro. Este vendedor, uno de los diez que estaban este Sábado Santo en el peaje de Pozón de Orotina, depende de las ventas en carretera y sus ventas en carreteras dependen en buena medida de que se formen los atascos. Y esta tarde no había atascos. Achará los manguitos; hasta con cloro los había lavado.

La concesionaria de la ruta 27 entre el Pacífico y San José, ahora estrenando el nombre de Globalvía, abrió carril reversible de 1 p. m. a 8 p. m. y los carros venían a 90 kilómetros por hora.

Nada de presas, nada de acelerar-embragar-frenar-embragar-acelerar. La transición del paraíso playero a la cruda realidad josefina fue quizá más brusca. Demasiado rápida. En menos de 90 minutos (¡un partido de fútbol!) se podía acabar para efectos turísticos una Semana Santa que en realidad comenzó desde el jueves previo, gracias a Juan Santamaría.

Nada de calvarios ni torturas ni calle de amargura. Al menos la ruta 27 fue una ruta agradable para sobrellevar esa pereza que siempre da volver de la playa. Esa pereza que, aún sin presas, se deja ver en la cara de quienes regresan.

Del peaje de Pozón se podía ver los carros repletos de maletines y paños, paquetes con comida, rostros abatidos por el buen cansancio y pieles medio fritas por el sol. Muchachos sin camisa o vestidos como jugadores tropicales del Barcelona.

La fila corte del peaje de Pozón apenas sirve para vinear dentro de cada carro (como quien dice mundo) y descubrir algún abanico de baterías sobre los regazos medio vestidos de la mamá. Tal vez una olla o unas sandalias puestas en junto al parabrisas, al lado de dos cartones de huevos que hablan de la comida que se gastó.

En menos de 90 minutos (¡un partido de fútbol!) se podía acabar para efectos turísticos una Semana Santa que en realidad comenzó desde el jueves previo, gracias a Juan Santamaría.

“¡Manguito, manguito del bueno!”, la pulseaba otro vendedor en el peaje de Pozón, el punto donde se unen los procedentes de Caldera, Puntarenas o Guanacaste con quienes vienen de Jacó, Herradura o Punta Leona.

¡Tantas playas y tan poca presa! Los vendedores de semillas de marañón y de marañones frescos no podían creerlo. Se supone que hoy tenían que ser buena la venta entre cientos de carros estacionados en plena carretera. Se supone que hoy debería haber miles de carros avanzando a 5 kph, pero no.

Van soplados rumbo a San José. Los que viajan en sentido contrario no vienen por acá. Allá van calentando fibras o motores por Cambronero o por el Aguacate. Prohibido usar hoy la 27 para ir de San José al paraíso playero, como será prohibido también el domingo después de las 2 p. m.

Hay que decirlo: da miedillo ir a 90 kph (los prudentes) contra vía, por más que los oficiales de tránsito lo hayan permitido. Es inevitable preguntarse qué pasaría si algún despistado se saltara los controles de la policía e insistiera en venir al derecho.

En parte por eso decía el vendedor de mangos que los cuatro carriles eran un peligro. No falta algún ‘schumacher’ tico, como un el piloto de BMW negro que parecía rogarle misericordia a un oficial de Tránsito.

A la derecha, otros estaban estacionados. Al menos ocho choferes en short ventilaban las entrañas de su vehículo. Sabíamos de carros fundidos por los cerros de Cambronero o El Aguacate, pero por lo visto la 27 también puede ser cruel con ellos.

Demasiado cruel fue para Carlos, un cartaginés que volvía de dejar a una gente en Jacó. De repente se encendió la luz de motor en el panel de su automóvil y chao. Se le fundió el motor desde el miércoles en la noche, pero es Sábado Santo y aún está en el peaje de Orotina viendo a dos mecánicos sudar desarmando el motor en el espaldón de la carretera.

Pidió ayuda a los cobradores del peaje y le recomendaron llamar a estos dos mecánicos de San Rafael Abajo de Desamparados. Le sale mucho mejor, por que la grúa más barata le cobraba c150.000 por el flete de Orotina a Cartago.

“Esta gente del peaje tiene algunos números para recomendar. Es mejor, para evitar que se hagan presas por un carro varado en media carretera”, contó uno de los mecánicos.

A su lado, los carros pasaban a 90 kph a 10, para pagar el peaje y después volver a 90 o probablemente más. Había que aprovechar. Ahí van carros de lujo con los vidrios oscurísimos y helados, carritos con espumas arrolladas en el techo ocupados por familias sin aire acondicionado.

Todos van soplados. ¿Mangos? No, macho, otro día.

(Nada garantizaba que al final de la tarde, en la noche o el Domingo de Resurreción, el regreso siguiera siendo tan rápido).

Etiquetado como: