Cambios en lluvias obliga a uso intensivo de búnker y diésel para generación

Por: Mercedes Agüero 22 mayo, 2013

El país está atado de manos para reducir, en el corto plazo, la dependencia de los combustibles para la generación eléctrica.

Mientras a mediano plazo la alternativa apunta a la geotermia y la megahidroeléctrica El Diquís, por ahora la alteración en las lluvias continuarán pasándole una cara factura a los usuarios.

El problema surge porque la hidroelectricidad es la base de la oferta energética nacional –62% de la capacidad instalada– y cuando las precipitaciones se reducen se debe recurrir al diésel y al búnker para evitar apagones.

Es el caso hoy. La escasez de precipitaciones el invierno anterior y el prolongado verano de este 2013 han elevado la generación con carburantes a más del 30% del total, algunas semanas.

Así, de enero a abril la energía térmica creció en un 51% respecto al mismo periodo del 2012.

Mientras, las compras en combustibles por parte del ICE ya suman ¢69.097 millones. En el 2012 el gasto fue de ¢75.000 millones.

Tales desembolsos tienen un efecto directo en las tarifas.

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) ve un alivio con la entrada en operación de un nutrido grupo de plantas hídricas y parques eólicos –públicos y privados–, de finales del 2014 al 2017.

La lista incluye Reventazón, una planta de 305 megavatios (MW) de capacidad. No obstante, esta represa carece de un embalse como Arenal, que permite guardar agua de un año para generar uno o dos años después.

Mientras tanto, las eólicas dependen del viento para generar y este no está disponible todo el año. Por ejemplo, esta es una época de poco viento, y de una capacidad total de 140 MW, al mediodía de ayer solo había 7 MW operando.

“Las energías hídricas de filo de agua y eólicas no son firmes durante todo el año y deben ser complementadas por hídricas con embalses, geotermia y, en último caso, con térmica convencional”, manifestó Teófilo de la Torre, presidente ejecutivo del ICE.

Alarma. Según dijo René Castro, ministro de Ambiente y Energía, el encarecimiento de la electricidad por generación térmica equivale a una alerta amarilla. Lo que sigue podría ser luz roja: apagones.

Para Castro, las hidroeléctricas con embalses y la energía geotérmica (con gas volcánico) deben ser la apuesta país.

El problema es que en ambos casos la ruta no está despejada. La geotermia depende de una ley que autorice al ICE a extraer la energía de parques nacionales. La discusión lleva una década y aún no hay acuerdo con los ambientalistas.

Por otra parte, El Diquís, de 650 MW, en la zona sur, está varado por la falta de un acuerdo con las poblaciones indígenas cuyos territorios se ven afectados. Este embalse tampoco es multianual como Arenal. Otra opción es importar gas natural, pero se mantendría una dependencia del mercado externo.