El presidente ejecutivo topó con un ICE deteriorado, y, costara lo que costare, prometió no subir la luz. No ha logrado bajarla y hoy lo acosan la generación privada y la exigencia de resolver el futuro energético del país

Por: Irela Fornaguera 1 febrero, 2015

Carlos Obregón lleva ya seis largos meses en un nado contracorriente para evitar que las tarifas de luz suban un solo colón. Aunque –con algo de optimismo– prometió lo no garantizable, ningún kilovatio-hora ha superado los ¢91: no por ahora.

Tuvo suerte en un medio año turbulento y decisivo para la entidad que hoy preside: el Instituto Costarricense de Electricidad. Aunque el ICE y sus 26.000 empleados no son nuevos para él, sí lo son, desde mayo, ese sillón de cuero negro, la lámpara sin bombillo a su izquierda y la amplia oficina desde donde habla, muy pausado, en uno de los pisos más altos de La Sabana.

El ingeniero se pensionó del Instituto en el 2007 tras 35 años en el sector eléctrico. Ocho años más tarde se reencontró con un ICE débil; con empleados de sobra en ciertas áreas y con carencia de ellos en otras.

La premisa de Carlos Obregón es “optimizar recursos”, y esto le ganó las primeras críticas: aún siendo poco conocido al ojo público, movía y movía a su personal cual si fuesen piezas de ajedrez.

Topó de frente con un país que, aparte de rogar por bajas en el alto precio de la luz, ansiaba destapar –de inmediato– la olla de opciones de generación energética con fuentes renovables. ¿Qué incorporar, cuándo, por qué el ICE se tardó tanto? El debate nacional sigue presionándolo fuerte, mas él prefiere no opinar y dejárselo todo a la voluntad política.

Se da el lujo de dar una mala noticia: las tarifas de la luz no bajarán, no según sus cálculos, pues los precios dependen de los rasgos del sistema energético. Aunque algunos procesos puedan ser optimizados, ahora no hay mucho campo para las rebajas.

Por más que se le insista en deshacerse de las costosas, ineficientes y contaminantes plantas de generación térmica, el jerarca es franco y lo descarta. No las quitará pues ello, dice, pondría en jaque la energía de respaldo y llevaría a la inevitable alza de precios.

No solo la matriz está en debate. El arranque de su gestión coincidió con el momento en que los generadores de energía privados alcanzaron, luego de dos décadas, el tope que les permite la ley. Ellos también presionan; exigen que se les deje participar más.

Obregón aclara que no está en contra de su papel, a pesar de que su auge se haya encargado de deteriorar poco a poco al Instituto. Hoy culpa al Ejecutivo de recostarse en esas firmas para darles justo lo que prohibió al ICE: la opción de invertir, obtener préstamos y dar contrapartidas para la ejecución de nuevos proyectos.

“Yo vine a trabajar y sigo para adelante. Si a alguno no le gusta, es problema suyo, pero yo lo que estoy buscando es hacer las cosas correctas. Estoy muy satisfecho”

¿Es más barata la energía de los privados? “Seguimos en análisis; son plantas muy distintas. Ellos dicen tener capacidad, y el ICE también la tiene, pero la sobrecarga del sistema sale cara”, dice Obregón y se niega a admitir la urgencia del problema porque “el país no está viviendo contingencias”, expresa.

Aunque Costa Rica atraviesa una fuerte sequía, él sigue apostándolo todo a la combinación de las plantas hídricas a filo de agua y con embalse. Esto explica por qué aún no se rinde con el proyecto hídrico El Diquís (zona sur), el cual suma casi cuatro años varado en un mar de tramitomanías.

“El Diquís tiene el apoyo del Ejecutivo”, dice Obregón; añade que, aún con los atrasos, esta tiene chance de arrancar tal y como se planeó al inicio: en el año 2025.

Obregón da un reposo de viernes por la tarde; uno poco usual pues, desde que tomó las riendas del ICE, vive en un ajetreo permanente, de jornadas de 7 a. m. a 8:30 p. m. Su nueva silla lo llevó a descuidarse a sí mismo, a la mujer con la que se casó 47 años atrás, a sus tres hijos y a sus cinco nietos.

En una entrevista de más de una hora, él sonrió casi solo cuando mencionó a su familia. “Me hacen falta”, confesó, y agregó que siente el deterioro al no tener tiempo para jugar tenis o comer con calma, más a menudo y lejos de su escritorio. En todo caso, confiesa estar muy satisfecho con lo que ha logrado desde ahí.

Sus retos no solo consisten en energía. Dirige una empresa que, según admite, todavía traga con dificultad la competencia en las telecomunicaciones; no ha sabido pasar la página de servicios solidarios y universales, para lograr eficiencia e inmediatez.

Además de lidiar con ese trajín y con la crisis económica del Instituto, Obregón se echó encima el rescate financiero de sus tres empresas subsidiarias: Radiográfica Costarricense (Racsa), Cable Visión y la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL).

La idea de dar forma a una nueva y gran corporación surgió de su indignación por la enemistad y la falta de gobernanza del ICE sobre sus propias compañías.

“Es un sinsentido. ¿Cómo puede ser que empresas –propiedad de una entidad– entren a competir con esta, y que esta les niegue algunas facilidades necesarias para su funcionamiento?”, dijo.

Esas ganas de sinergia lo llevaron a librarse de Pablo Cob , quien fue compañero suyo en el ICE y exjerarca de la CNFL por más de 20 años. De su salida nunca se habló con claridad, mas, seis meses después, Obregón reconoce que era vital para el ICE librarse de esa figura tan “independiente”.

La salida de Cob puso los ojos mediáticos en Obregón; también lo hicieron las repetitivas críticas que lanza desde el Congreso y las calles Jorge Arguedas, diputado y exsindicalista del Instituto.

“Para mí, don Carlos no tiene la ética ni la moral para dirigir el ICE”, repite el legislador, quien censura su pasado en el Partido Liberación Nacional, sus movimientos de planilla y un supuesto fraude al manejar fideicomisos.

Obregón dice desconocer el porqué de la insistencia de Arguedas contra él (se enoja al recordar que este lo ha acusado “sin fundamento”), y aprovecha para dejar claro que su relación con los actuales sindicatos es cordial.

Con eso coincide el líder sindical Fabio Chaves. “Hemos tenido acercamientos francos y directos, de valor. Don Carlos es enérgico, solidario, firme e ‘iceísta’. Su gestión está cargada de muy buenas intenciones”, opinó.

El 2014 estuvo repleto de cambios para el ICE, y su presidente dice que el 2015 será para ejecutar lo modificado, para ver los efectos.

Desde su silla – apenado– admite que no ha sido tan abierto al diálogo como debió serlo, y entonces lanza al aire una nueva promesa: transparentar sus acciones. “Tenga la seguridad de que desde ahora así será”, sonríe Carlos Obregón.