Declaró que traía 600 sacos de azúcar, pero nunca pidió servicios portuarios

Por: Mercedes Agüero 27 febrero, 2013

Limón. Un barco sin ancla, sin motor, cargado al parecer con azúcar y 10.000 litros de diésel, tiene desveladas a las autoridades portuarias y marítimas costarricenses.

La embarcación Antillas I, de bandera venezolana, llegó a Limón el 12 de setiembre y desde la madrugada del 21 de febrero está varada y encallada en la playa Westfalia, hacia el final del aeropuerto de esa provincia.

Durante ese amanecer, el fuerte oleaje rompió los mecates que la sujetaban a las boyas y la arrastraron hacia la orilla.

Hoy la nave está atada a dos troncos ubicados en la playa y ligeramente inclinada a babor.

Al parecer, el golpe de las olas en el casco forman un hueco en la arena y han provocado que la nave pierda verticalidad. Pero se descarta el riesgo de derrames.

Procedente de Antillas Menores, la nave parece un fantasma en la orilla de la playa.

En su declaración aduanera, los siete tripulantes dijeron que traían 600 sacos de azúcar de 50 kilos cada uno. Dieron el nombre de la agencia en el país, pero nadie solicitó servicios portuarios para la descarga.

Allan Hidalgo, presidente ejecutivo de la Junta de Administración Portuaria y Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva), explicó que el barco se mantuvo en bahía y como no estaba dentro de la jurisdicción portuaria de esa entidad, pasó inadvertido. La nave nunca antes había venido.

Fue hasta mediados de este mes cuando autoridades de Guardacostas, Capitanía de Puertos, Migración y Aduanas hicieron una inspección en el barco y determinaron que de los 600 sacos de azúcar que habían declarado solo había entre 20 y 30 y en mal estado.

Asimismo, para ese momento solo había dos tripulantes quienes alegaron que como el dueño del barco no les pagaba habían vendido el azúcar para sobrevivir.

Agregó que la Dirección de Navegación del Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) les pidió colaboración para sacar el combustible y llevar la nave a un lugar donde no represente ningún riesgo para el ambiente o la operación del puerto.

José Aponte, gerente portuario de Japdeva, dijo que hasta ahora los esfuerzos para remolcar el barco han sido infructuosos.

Aponte explicó que enviaron remolcadores, pero la nave no tenía un mecate para llevarla.

Entre tanto, reflotarla, sería un peligro debido a que no se conoce con exactitud las condiciones del casco.