Por: Mercedes Agüero 16 septiembre, 2012
 Elías Molina comparte su tiempo libre con niños y jóvenes de centros educaativos de Seúl, a quienes les habla de Costa Rica. | ELÍAS MOLINA PARA LN.
Elías Molina comparte su tiempo libre con niños y jóvenes de centros educaativos de Seúl, a quienes les habla de Costa Rica. | ELÍAS MOLINA PARA LN.

Los primeros seis meses sobrevivió a punta de señas. Hoy habla el coreano. Asimiló el estilo de vida de Seúl, capital de Corea del Sur, incluidos su extremada fijación por la puntualidad, así como el “pali, pali”, el “rápido, rápido” con que se mueve esta urbe.

Lo que no ha logrado el costarricense Elías Molina es tomarle el gusto a los helados con frijol que tanto disfrutan los coreanos.

Según narra, en verano es muy popular el consumo del “pat binsu”, una especie de granizado, solo que con frijoles encima.

“A mí no me gustan y así como ellos (los coreanos) ven raro que un frijol no sea postre, yo veo raro que sea postre”, cuenta este alajuelense, quien a sus 19 años decidió vivir la aventura asiática, aunque sí extraña los frijoles en gallo pinto.

Molina es parte de un grupo de ticos –unos seis o siete –que estudian en Seúl. Algunos de ellos colaboraron con la embajada durante la reciente visita de la presidenta Laura Chinchilla a Corea.

Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional, este joven descubrió Corea del Sur, país del cual sabía relativamente poco, por medio de un grupo musical que escuchó.

Sintió gran atracción por la historia y cultura del país. “Me llamó la atención que hayan logrado modernizarse sin dejar de lado el arraigo cultural”, dijo. Alentado por esa curiosidad, buscó una beca y en febrero del 2010 aterrizó en Seúl.

“Los primeros seis meses me sentía mudo y sordo porque no me entendían ni yo entendía lo que me decían”, narró el joven de 21años.

Paso adelante. Luego de llevar clases de idioma un año y aprobar un examen similar al toefl – en inglés–, ingresó a la universidad donde cursa un pregrado en Relaciones Internacionales.

Superada la prueba del coreano y asimilando mejor las comidas, adaptarse a la puntualidad coreana fue su otro gran reto.

En esta nación asiática aquello de la hora tica jamás funcionaría. “Me asombró , y todavía no me acostumbro, a la puntualidad, y en exceso. Si tengo una cita a las 3 p. m., a las 2:30 p. m. ya me están llamando”, cuenta.

Por lo demás, se confiesa muy a gusto en Corea. Incluso, ahora colabora con la Alcaldía de Seúl en un programa llamado “Amigos de lejos”. La iniciativa permite a extranjeros residentes en la ciudad visitar kínders, escuelas y colegios para compartir un poco de la cultura de sus países de origen.

Es así como Molina lleva un poco de “tiquicia” a niños y jóvenes coreanos, a quienes les sorprende que Costa Rica no tenga ejército y que haya una presidenta.

La experiencia ha resultado muy grata, asegura el tico, a quien le gustaría estudiar más coreano, sacar un posgrado y, por qué no, quedarse a vivir en Seúl.