Por: Larissa Minsky A. 20 julio, 2015

“En el bus, íbamos de pie, pero sobre los asientos”, relata Ignacio, quien accedió a narrar lo que recordaba de sus dos serenatas, realizadas el año pasado.

“Había guaro, mucho guaro, y alguna gente quedó mal desde el viaje”, agregó, tras contar que en el trayecto se pasaban las botellas de mano en mano y daban grandes sorbos a las bebidas.

La escena ilustra por qué los especialistas aseguran que los peligros de estas fiestas empiezan mucho antes de llegar a la finca donde será la actividad.

“El consumo de licor altera los reflejos, y, cuando se toma en un vehículo en movimiento, la accidentabilidad se incrementa pues la persona no podrá reaccionar igual en caso de un frenazo o choque”, explica Pedro Acuña Quesada, médico del Servicio de Desintoxicaciones del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA).

El experto se refirió a las consecuencias de mezclar bebidas, práctica usual de los adolescentes en estas fiestas: al revolver tipos de licores, se potencia el efecto de una bebida sobre otra, lo cual produce una intoxicación etílica grave.

Muy peligroso también es revolver licores con bebidas energizantes pues los primeros deprimen el sistema nervioso central y las segundas lo estimulan, sostiene Acuña.

Deshidratación, neumonías, problemas cardíacos y golpes graves por caídas figuran entre los posibles efectos de beber sin medida, advierte el médico.