Por: Ángela Ávalos 26 febrero

En el primer accidente, Luis Diego Mena Mena viajaba como acompañante. El chofer de la moto de repente no agarró la curva en la llamada vuelta del Puente.

Era de noche, andaba en una fiesta y, con algunos tragos de más, prefirió llamar a ‘Gato’ para que lo llevara de vuelta a su casa.

Mena, con apenas 18 años, recuerda que dio varias vueltas en el aire. Terminó con tibia y peroné de su pierna derecha fracturados y el cuerpo lleno de raspones por la fricción con la calle.

Sucedió en abril del 2016, en las inmediaciones de La Bonita de Rivas, en Pérez Zeledón, de donde es oriundo.

Guarda de recuerdo una platina y varios pines que los ortopedistas le colocaron en su pierna.

Seis meses después, volvió a repetir la historia, pero esta vez el conductor era él.

Acababa de ver un partido con sus amigos cuando tomó la moto que él mismo acababa de comprar con su salario como ayudante de operario de construcción.

Asegura que un taxista se brincó la señal de alto y lo chocó. No le fue tan mal como la primera vez. Solo el codo derecho llevó las de perder.

“No trabajo desde octubre. Ya he perdido como dos trabajos por culpa del accidente.

”Dios me ha prestado la vida dos veces y me permitió aprender que debo andar con más cuidado, a no andar tomado, a conducir responsablemente y a que debo sacar la licencia”, aseguró.