Por: Ángela Ávalos 30 noviembre, 2015

“¡Huevo grande, huevo fresco! Señora, ¡llegaron los huevos!”

Esta es la serenata que, megáfono en mano, le dan los “vendehuevos” todos los domingos, y de buena mañana, a la familia de Monserrath del Castillo en su casa, en Quesada Durán, en Zapote, San José.

“Mi hija mayor se levanta molesta y cansada, la bebé se asusta con el ruido y llora desconsolada, y mi esposo y yo nos enojamos de ver que ni en nuestra propia casa tenemos derecho a descansar”, reclama.

El suplicio dominical de Monserrath se esparce por todo el país como si se tratara de un virus agresivo. No hay límites geográficos. En San Ramón de Alajuela, Rosario Zamora Campos se queja del perifoneo.

“Nadie hace nada: ni Salud, ni la Municipalidad ni la Fuerza Pública. Es lamentable que se nos obligue a escuchar publicidad a altísimo volumen sin que podamos hacer algo al respecto”, se quejó Rosario.

El perifoneo en comercios es una de las fuentes principales de la contaminación sónica de las ciudades. Durante el llamado ‘black friday’ San José se inundó de altavoces y anunciantes de ofertas. | DIANA MÉNDEZ
El perifoneo en comercios es una de las fuentes principales de la contaminación sónica de las ciudades. Durante el llamado ‘black friday’ San José se inundó de altavoces y anunciantes de ofertas. | DIANA MÉNDEZ

“Todos los fines de semana llegan a vender tamales y huevos y están los vecinos con motos escandalosas. ¡Son insoportables! ¿Qué puedo hacer? Absolutamente nada”, comentó resignado Óscar Alfaro.

La gente reclama con cierto tono de resignación, como el de Sara Murillo: “Yo aprendí a convivir con el ruido al punto que ya casi ninguna bulla me molesta. Ya me estoy quedando sorda”.

Hay historias espeluznantes, como la de Julio BM, quien contó esto en Facebook: “Tengo un vecino que, todos los días, dos veces al día, prueba una moto en la calle frente a mi casa y mi bebé está traumada.

”En la casa de otro vecino ensaya un grupo, una o dos veces por semana, a todo volumen canciones como la del moño colorado, y detrás de mi casa hay otro que se cree baterista de un grupo de rock las tardes de sábados y domingos. Es insoportable vivir así”, comentó.

También están los perros. Evelyn Morales tiene unos vecinos cuyos animales no paran de ladrar en las noches.

“Probablemente, los tiran al patio y no hacen nada más que ladrar todo el tiempo. Estoy embarazada, les he pedido la consideración y es como si hablara con la pared... No quiero ni imaginar cuando mi bebé nazca”, comentó Morales.