Meta de CCSS: poner 1,3 millones de dosis en seis semanas

Por: Ángela Ávalos 17 junio
Los dos hijos de Gretelyn Alvarado, Thiago y Everlin, fueron vacunados por Marianela Castillo en su casa, en Cristo Rey de Herradura.
Los dos hijos de Gretelyn Alvarado, Thiago y Everlin, fueron vacunados por Marianela Castillo en su casa, en Cristo Rey de Herradura.

No es fácil caminar entre trillos con aguas empozadas y driblar perros de pelea ladrando en los talones.

Pero se hace cuando el mandato es buscar entre los ranchos y cuarterías a niños pequeños, adultos mayores, diabéticos, embarazadas y enfermos cardiópatas para protegerlos contra la gripe.

Viviana Azofeifa y Marianela Castillo recorrieron varios de esos caminos el martes 13 de junio, en el precario Cristo Rey, en Herradura de Garabito, Puntarenas.

El cielo estaba nublado, pero el calor era lo suficientemente fuerte como para bañarse en sudor con cada paso entre las humildes viviendas de esa comunidad.

Cargadas con sus mochilas llenas de vacunas, estas dos Técnicas en Atención Primaria en Salud (Ataps) recorren todas las mañanas, desde las 7 a. m. hasta las 2 p. m., las barriadas más pobres de ese cantón puntarenense.

Son dos de los nueve Ataps que tiene el Área de Salud de Garabito.

Desde el 5 de junio y hasta completar seis semanas de trabajo, Azofeifa y Castillo tendrán como prioridad la vacunación contra la gripe, entre las múltiples funciones de salud que desarrollan.

Ellas van puerta por puerta.

Otras de sus colegas instalan puestos en parques, escuelas o en hogares diurnos, para facilitar el acceso de la vacuna a la población.

En algunas casas, las reciben bien y hasta les preparan el espacio para que acomoden todos los implementos para vacunar.

En otras, por el contrario, son los perros los que se les lanzan encima intentando amedrentarlas, sin éxito.

Parecen inmunes al miedo porque estos animales, encadenados o sueltos, se les tiran encima sin mayores contemplaciones.

Nunca van solas, por seguridad. Se acompañan la una a la otra.

Aunque en esas comunidades las conocen y hasta cierto respeto les tienen, siempre es bueno prevenir algún episodio de violencia.

Objetivo de la jornada

La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) se lanzó a la calle para buscar a las personas con más riesgo de sufrir complicaciones se contraen el virus que causa la gripe.

Todas las embarazadas sin importar su edad de gestación, los menores entre los seis meses y cinco años, adultos mayores de 60 y personas con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, enfermedad respiratoria y obesidad, están entre la población meta de esta campaña.

La de este año, es la decimotercera jornada nacional de vacunación contra la influenza. Se invirtieron $5 millones en comprar 1,3 millones de dosis que deben estar colocadas iniciando julio.

Está previsto que el pico de casos de influenza –cuando aparece el mayor número de enfermos y de complicaciones asociadas a ese virus– se presente en ese mes y es perentorio que quienes forman parte de los grupos de riesgo hayan generado inmunidad contra la gripe.

De acuerdo con datos oficiales de la Caja, en la primera semana se logró vacunar a 230.000 personas. Sin embargo, los enfermos cardiópatas, diabéticos y obesos siguen resistiéndose a protegerse contra el virus.

La gente conoce de la vacuna, pero como que no le hace mucho caso.

Blindados contra virus

En la casa del taxista informal Víctor Contreras Madrigal, se vacunaron sus nietos Thiago y Everlin, pero él siguió como si nada, sentado en el pequeño jardín de su casa, en el barrio Cristo Rey de Herradura.

Uno de sus familiares reveló que Contreras tiene 61 años y, por lo tanto, forma parte de uno de los grupos de riesgo.

Esto hizo que Marianela Castillo se devolviera del portón justo cuando estaba a punto de seguir con su recorrido, para ponerle la vacuna.

Contreras, quien minutos antes había identificado a su esposa como la única que se enfermaba en la casa, fue inyectado por partida doble: también recibió la dosis contra el neumococo, bacteria causante de neumonía en los adultos mayores.

En sus recorridos encuentran de todo.

Al final de un callejón, dieron con una casa de cemento. Dos jóvenes de nacionalidad nicaragüense salieron a recibirlas con sus dos pequeños hijos.

Uno de los chiquitos, carecía de documentos de identificación. Hubiera sido un sueño pensar que alguien guardaba el libro de vacunas.

Según contó su mamá, tienen pocos meses de estar en el país. En su viaje hacia Costa Rica, bajaron en la frontera y dejaron los papeles extraviados en uno de los baños del puesto fronterizo.

Esa carencia no fue una limitante para proteger a los menores.

Castillo le puso a ambos la vacuna, mientras Azofeifa les confeccionaba un carné y les pedía, casi en tono de súplica, mandar por copia de los documentos a Nicaragua.

"No pueden estar aquí sin un certificado de nacimiento. Esto es básico", les comentó.

En estas barriadas abundan los menores. Castillo y Azofeifa buscaban aquellos entre los seis meses y los cinco años. Inyectaron a casi una decena de chiquitos en mediodía de jornada.

Las técnicas saben que también es su responsabilidad aprovechar cada una de estas visitas para echar un ojito a los alrededores de cada casa y advertir a sus propietarios que destruyan los criaderos de zancudos.

En su ruta se toparon con varias embarazadas, a quienes les advirtieron sobre la necesidad de que usaran repelentes, mosquiteros y ropa de manga y pantalón largos para evitar el virus del Zika, que les puede causar daños neurológicos permanentes a los bebés en gestación.

En el minisúper La Salvada hicieron su única parada del día para refrescarse y tomar un descanso.

Tenían que regresar al Área de Salud de Garabito para completar el resto de su jornada con algunas labores administrativas.

El miércoles siguiente, les esperaba otra caminata entre callejones repletos de ranchos y cuarterías, en su lucha contra la influenza. Ellas esperan ganar la batalla.