Por: Ángela Ávalos 26 octubre, 2015

La verdad, nadie se quejó del servicio de transporte en ambulancia desde la casa hasta el hospital, sobre todo cuando se trata de viajar cientos de kilómetros para recibir una terapia.

En donde sí abundan las quejas es en la falta de una mayor coordinación para que no pase lo que, con cierta frecuencia, le sucede Yelly Sequeira Fonseca.

Esta paciente del Hospital México viaja desde Buenos Aires de Pocosol, en la zona norte, para recibir radioterapia. Son cientos de kilómetros de distancia, lo cual explica que la ambulancia que envía la Caja tenga que pasar por ella a las 2 a. m. todos los días.

El 22 de octubre, en tres horas, llegó una veintena de ambulancias con pacientes que tenían cita en el Hospital México. | ADRIÁN SOTO
El 22 de octubre, en tres horas, llegó una veintena de ambulancias con pacientes que tenían cita en el Hospital México. | ADRIÁN SOTO

El 22 de octubre viajó junto a otra paciente que iba a otra cita. Aunque Yelly terminó el tratamiento temprano, tuvo que esperar hasta las 11 a. m. a que su compañera de viaje fuera vista para salir juntas hacia la casa.

En otras ocasiones ha salido mucho después del mediodía. “¿Por qué no se coordina mejor?”, pregunta esta ama de casa, que depende del salario de un jornalero para traer una merienda que le permita aguantar la espera.

Carlos Duarte es chofer de ambulancia y ese jueves trajo al México a tres pacientes, vecinos del cantón de Los Chiles, en Alajuela.

“Salimos a las 2 a. m. para estar aquí antes de las 7 a. m. Unos vienen a hemodiálisis, otros a radioterapia. Hay gente que termina antes que otra y debe esperar”, contó.

Cider Guido, chofer que viaja desde Cañas, en Guanacaste, cuenta que ha tenido que esperar hasta bien avanzada la tarde para que terminen de ser vistos todos los pacientes que trae. Él ha sido testigo de gente a la que los mismos conductores han tenido que regalar un “gallito” para que se sostenga durante la espera.

Jorge Solano viajó el jueves desde Tilarán, Guanacaste, con tres pacientes. Entre ellos, un señor de 75 años que lleva dos meses de viajar casi todos los días para recibir terapia contra el cáncer.

“Dos meses, todos los días, ida y vuelta y después de la quimio. Deberían acercar más estos servicios a esta gente o procurarles un albergue para que el trance no sea tan duro”, opinó Solano.