27 septiembre, 2014
Esta imagen es de 1998. Mayron Reyes (de camiseta azul) nació con una enfermedad inexplicable: los huesos de sus pómulos crecían mientras su boca se reducía. Su padre trabajó en las bananeras por 14 años. | ARCHIVO
Esta imagen es de 1998. Mayron Reyes (de camiseta azul) nació con una enfermedad inexplicable: los huesos de sus pómulos crecían mientras su boca se reducía. Su padre trabajó en las bananeras por 14 años. | ARCHIVO

“¿Para qué cree que me sirve ese millón seiscientos? No hay plata que cubra los daños que sufrimos. Jamás, es imposible. Ni con ¢5 millones”, reclama José Vallecillos, de 84 años, desde el sillón de su casa, en una esquina de Hatillo 6.

Desde ahí le echa la culpa al Instituto Nacional de Seguros (INS) por no pagarle “lo suficiente” para cubrir los severos daños a la salud que le ocasionó exponerse durante cinco años al rocío intermitente del Nemagón.

Ingresó a los 40 años, en 1969, junto con una oleada de obreros “novatos”, a la recién instalada bananera Standard Fruit Company, en Río Frío de Sarapiquí. Dos años más tarde, corrió el rumor de que llegaría “la salvación de las bananeras”: el Nemagón. Y llegó.

“Creíamos que esa cosa era buenísima. Pasaba la avioneta regando y uno trabajaba sin guantes, sin botas, sin mascarilla, nada. Poco después, me diagnosticaron bronquitis crónica, asma y sangrados en el colon”, contó el vecino de Orotina. “Cuando se dieron cuenta de que nos fregaron, nos dijeron que nos iban a pagar, pero los abogados que nos defendían se dejaron toda la plata. Y todos callados”, agregó.

Hace cinco años, lo llamaron del INS y lo invitaron a tramitar su queja. Demostró, mediante estudios médicos, que tenía padecimientos y entonces recibió una indemnización de ¢1,6 millones.

Pero él, como muchos otros, estuvo insatisfecho con el monto y por ello exige más. Hace poco, pagó ¢10.000 a un grupo de exbananeros para que pidan por él ante la Asamblea Legislativa.

No obtuvo recibo de esos ¢10.000, asegura, pero los abogados le dijeron que ese dinero iría destinado a la “compra del café”.

Su esposa, María Porras, junto con tres de sus ocho hijos, presentaron quejas ante el INS y están en la lista de los 11.856 afectados indirectos, pendientes de trámite. Los tres hijos nacieron en el ‘periodo Nemagón’: entre 1967 y 1979.

“Yo siempre he padecido de sarpullidos, alergia y un sobrino nació con la piel en carne viva. Uno nunca sabe de los efectos a largo plazo. Mi mamá tiene asma y presión alta”, dijo Juan Vallecillo, uno de sus hijos, de 43 años.