Por: Ángela Ávalos 3 mayo, 2015
Ante la reducción en el número de camas del Hospital de Puntarenas, las áreas de observación del nuevo servicio de Emergencias ayudan a desahogar la demanda. Los pacientes pueden pasar aquí tres días esperando que quede libre una cama en piso. | GRACIELA SOLÍS LN
Ante la reducción en el número de camas del Hospital de Puntarenas, las áreas de observación del nuevo servicio de Emergencias ayudan a desahogar la demanda. Los pacientes pueden pasar aquí tres días esperando que quede libre una cama en piso. | GRACIELA SOLÍS LN

El 2014 le dejó al Hospital Monseñor Sanabria, de Puntarenas, la experiencia más difícil y desafiante en el manejo de infecciones atribuidas a la atención en salud (Iaas).

La bacteria Clostridium difficile atacó a 67 de sus pacientes. De estos casos, 22 todavía son objeto de análisis para ver si fallecieron debido a las secuelas de esa bacteria.

Randall Álvarez Juárez, director médico de ese hospital, y quien también es epidemiólogo, sostuvo que la preparación desarrollada por el centro de salud para el manejo de pacientes infectados fue lo que les permitió detectar, a tiempo, el aumento inusual de casos del 2014.

La pérdida de sensibilidad de las muestras impidió que los análisis de laboratorio pudieran identificar el tipo de cepa que atacó a los pacientes del Monseñor Sanabria.

Las acciones de control, enfocadas en el manejo de antibióticos y de las medidas higiénicas, redujeron sustancialmente el número de casos.

Según Steven Villarreal, epidemiólogo del hospital, se pasó de tener diez casos semanales en el pico más alto del brote, a menos de tres mensuales en la actualidad.

La caída en el número de casos es de un 77% entre el primer trimestre del 2015 y el mismo periodo del 2014. Una de las principales secuelas ha sido la reducción hasta de un 50% en el consumo de antibióticos.

El seguimiento a las infecciones lo hace allí un equipo gerencial, que se reúne los lunes.