Por: Ángela Ávalos 1 mayo, 2016

Cristibel Leandro Aguirre vivió dos experiencias en un mismo alumbramiento: inició la labor de parto en su casa, pero un cambio en la posición de su bebé la obligó a terminar el proceso con una cesárea, en un hospital público.

“Tuve dos experiencias en una sola: primero, atendida por personas que me quieren, con amor, respeto y dedicación. Y luego en el hospital, con desdén, desgano y grosería”, manifestó esta productora audiovisual de profesión.

Ella siempre había soñado con tener a su hijo en su hogar.

“Mi bisabuela fue partera, una muy importante en Cartago en una época en que los hospitales no eran accesibles para todo el mundo. Yo me conecté con esta energía. Esa fue mi opción: conectarme con lo natural, pero, al mismo tiempo, llevé mi control médico. Leí mucho, me informé demasiado. Conscientemente investigué y leí”, afirma.

Ámbar nació el 17 de febrero del 2012. Su alumbramiento comenzó tres días antes, en casa de unos amigos de Leandro.

Tres días con sus noches en que, junto a una enfermera obstétrica y una doula , (persona que acompaña) Cristibel intentó dar a luz a Ámbar.

Bailaron, pusieron música, se colocó hasta de cabeza y le hicieron masajes para que la niña cambiara de posición, pero finalmente no se logró.

“Ámbar tenía la cabeza doblada; no era algo grave; tratamos de colocarla en el canal de parto de todas las formas posibles. Fue cuando me dijeron que teníamos que ir al hospital”, recuerda.

Llegaron al centro médico con un documento autenticado por un abogado en el que Leandro reclamaba ciertos derechos para tener un parto más humanizado.

“No permitieron que ingresara el bolso donde venía el documento. Nos trataron mal. Tanto doctoras como enfermeras fueron muy groseras. Me ayudó más una señora que acababa de tener a su sétimo hijo que las enfermeras. Encontré más humanidad en ella”, dice.

Si volviera a quedar embarazada, esta madre optaría nuevamente por planear un parto en el hogar.

Lo haría nuevamente, a pesar de la oposición que esto genera, porque ella lo vivió entre sus parientes y amigos cercanos, más proclives a que diera a luz en un hospital. Tras el desenlace, hubo muchos ‘te lo dije’, asegura Leandro, empezando por sus papás.

“Mujeres: confíen en su intuición; lo que les diga su corazón es la decisión correcta. Todo el mundo opina: los papás, los suegros, la pareja… pero hay que confiar en la intuición femenina y trabajar los miedos”, asegura.