Por: Ángela Ávalos 1 septiembre, 2016

El centro educativo Bendito Jesús, en San Antonio de Desamparados, intenta saldar la deuda de más de ¢26 millones que mantiene con la Caja con la venta de un terreno.

Sus estudiantes son de clase media baja y no en pocas ocasiones, han tenido que becar a algunos de ellos y hasta perdonar deudas para no interrumpirles el proceso educativo. Pero esto los tiene en crisis.

“Muchos colegios han tenido que cerrar porque las cargas sociales no se pueden sostener. Hay muchos padres de familia que al final nos quedan debiendo grandes sumas. Esto pasa mucho después del tercer trimestre: se van con deudas de millones.

”Es muy difícil sobrevivir para el colegio que atiende familias de clase media y clase media baja. Nosotros estamos arreglando un terreno abajo para venderlo y pagar esas deudas”, expresó Ileana Guevara, subdirectora del centro, que lleva dos décadas de funcionar.

Ahí estudian, actualmente, unos 60 niños.

“Nosotras emprendimos el colegio hace 20 años con mucha ilusión. Sin embargo, no creímos que íbamos a llegar a lo que llegamos. Tenemos que cancelar las deudas. Esta situación está muy dura. ¡Quién va querer deberle a alguien; menos, a la Caja!”.

Rebeca Oreamuno, maestra y encargada de pagos del Jardín de Niños San Gabriel, reconoce abiertamente que desde hace dos años, enfrentan dificultades para saldar sus compromisos con la CCSS. Ellos deben más de ¢13 millones a esta institución.

Tal deuda, asegura Oreamuno, aumenta cada vez que alguno de los diez empleados acuden a los servicios de salud por atención.

“Cada vez que van a una cita, esta cuenta como si fuera una cuota. Si el hijo se enfermó y van a nebulizaciones, viene un cobro por ¢153.000. Si se cayó y tuvieron que ir a verle el brazo, ahí vienen otros ¢143.000”, relató Oreamuno.

En 36 años que tiene de funcionar este kínder en Sabana Sur, San José, asegura, esta es la segunda vez que encaran a la institución por mora.

“Hay gente que se ha ido de la escuela o el kínder y nos queda debiendo. Simplemente, se va y uno no puede decirle que le va a retener las notas para que pague. Estamos atados de manos”, dijo Oreamuno.

En su caso, explicó, intentan poner a responder ante la Caja una propiedad con una hipoteca de segundo grado, pero la institución no les resuelve el caso desde febrero, cuando lo presentaron a estudio.

“Estamos tratando de abrir la escuela, pero ese es otro inconveniente que hemos tenido. Si no tenemos una cosa al día no nos dan el permiso y no podemos crecer para solventar y tener un flujo de caja para seguir adelante”, agregó.