24 diciembre, 2015

En setiembre, el doctor Pablo Ortiz empieza a atender a las familias de indígenas panameños que llegan al puesto fronterizo de San Vito, en Coto Brus.

Ahí, además de chequeos médicos, se les brinda información sobre sus derechos laborales, pues se dirigen a recoger el café de plantaciones ubicadas en la misma zona sur, Los Santos y Naranjo, principalmente.

Ortiz comenta que la mayoría sale de una región conocida como La Comarca Ngöbe-Buglé, donde se estima que viven unos 250.000 indígenas.

Salen de sus casas con un salvoconducto que les facilita el Gobierno de Panamá y entran a Costa Rica gracias a un permiso de trabajo que emite la Dirección Nacional de Migración y Extranjería.

A pesar de que la pobreza mueve a algunas mujeres a separarse del grupo para salir a pedir limosna en las calles de ciudades como San José y Cartago, en su comunidad sí se resiente ese tipo de conductas, explicó el médico Ortiz.

“Para ellos es como una humillación. A uno se lo dicen las autoridades comarcales, como los caciques”, agregó.

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