La propuesta de crear un tratado nació ante la falta de avance en el desarme nuclear

Por: Gerardo Ruiz R. 17 junio
La embajadora de Costa Rica ante la ONU, Elayne Whyte, posa junto con el canciller, Manuel González (der.), y el científico Max Tegmark, quien entregó a la Conferencia que preside Whyte una carta abierta firmada por 3.000 científicos en favor de la prohibición del uso de armas atómicas.
La embajadora de Costa Rica ante la ONU, Elayne Whyte, posa junto con el canciller, Manuel González (der.), y el científico Max Tegmark, quien entregó a la Conferencia que preside Whyte una carta abierta firmada por 3.000 científicos en favor de la prohibición del uso de armas atómicas.

Una costarricense lleva sobre sus hombros la responsabilidad de impulsar un tratado internacional que prohíba el uso de armas nuclares en todo el globo y que sancione a los países que violen ese impedimento.

La tarea la desarrolla la diplomática Elayne Whyte Gómez, embajadora de Costa Rica ante los organismos de Naciones Unidas (ONU) con sede en Ginebra, Suiza.

Más de 120 países ratificaron a Whyte, por aclamación, para que presidiera  este año  la Conferencia de Naciones Unidas que negocie un tratado de prohibición de armas nucleares y que conduzca a la eliminación de estos arsenales de destrucción masiva.

La convención se desarrolla en Nueva York, Estados Unidos, desde el pasado jueves 15 de junio y concluirá el 7 de julio. En esta, se pretende sacar un instrumento jurídicamente vinculante para todos los países.

"Evidentemente es un tema muy complejo, pero Costa Rica tiene una gran autoridad moral en el tema del desarme, y ha trabajado históricamente en propuestas concretas de instrumentos jurídicos de tratados en el tema del desarme. (...). Es un tema muy desafiante y una gran responsabilidad. El país presentó su nominación en Nueva York, y el 16 de febrero la Conferencia me designó como presidenta", relató la diplomática a La Nación en San José, antes de partir a la conferencia.

La Convención tiene como principal objetivo obligar a los firmantes del tratado a "nunca, bajo ninguna circunstancia, desarrollar, producir, manufacturar, adquirir, poseer o almacenar armas nucleares u otros artefactos nucleares explosivos, así como usar armas nucleares o efectuar pruebas de armas atómicas".

Además, los Estados que hoy tengan armamento atómico quedarían obligados a destruirlo, al tiempo que se les prohibiría transferirlo a un tercero.

Actualmente, tienen o tendrían tecnología bélica que utiliza la fisión nuclear Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, China, Francia, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel.

Estas naciones tendrían un total de 15.000 armas nucleares. Sin embargo, es incierta la cantidad de misiles que estaría en estado de alerta, es decir, listos para su lanzamiento: de ahí el reto.

Whyte reconoce que julio será un mes clave en su intento por lograr que los países adheridos a la Convención de la ONU aprueben un borrador de tratado que, de lograrse, sería el salto más importante que haya dado la comunidad internacional en años hacia la eliminación de las armas nucleares.

La embajadora dijo que las revisiones que se le han hecho al borrador del tratado, en lo que toca a las prohibiciones fundamentales, han alcanzado un buen nivel de convergencia entre las delegaciones.

La Conferencia fue creada en diciembre del año pasado por resolución de la Asamblea General de la ONU. Desde entonces, de la mano de la embajadora costarricense, los países han logrado dar pasos que hacen pensar a la diplomática en un eventual éxito durante las negociaciones de julio.

El 7 de julio, la convención se volverá a reunir para decidir si avala el borrador que ha venido evolucionando desde febrero pasado.

"La propuesta del Tratado nace por la falta de avance en el desarme nuclear o reducción del desarme y en la creciente frustración porque las maquinarias multilaterales que tenemos no estaban funcionando. (...) Hay una creciente frustración de la comunidad internacional, ante el escaso avance de los países nucleares en los procesos reales de desarme nuclear. En el 2001, toda la comunidad internacional se cambió el chip y se centró en los riesgos del terrorismo y se olvidó de la importancia de las armas nucleares", explicó Whyte, quien fue la vicecanciller de Costa Rica durante el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002).

Según la diplomática, esta Conferencia tendrá más espacio para evitar cualquier intento de bloqueo de los países que están en contra de la iniciativa. Así lo prevé porque se adoptaron reglas propias y se abrió la posibilidad de que las decisiones se acuerden por votación y no por consenso.

"Lo que tenemos es una Conferencia de Desarme que tiene 20 años de no generar acuerdos sobre una agenda de trabajo, porque las decisiones se toman por consenso. Por eso es que es tan valiosa la resolución que por primera vez, en materia de desarme, permite que las decisiones se tomen por votación", celebró.

Sin embargo, a Whyte Gómez le hará falta más que un reglamento para sortear los obstáculos que enfrentará. La embajadora deberá primero debilitar un bloque que, desde principios de este año, formaron varios de los países que se cree poseen la bomba atómica.

Ninguno de ellos respalda el borrador del Tratado. Todavía más: los críticos del documento afirman que este no tiene mayores posibilidades de éxito sin la participación de las naciones atómicas.

A finales de marzo, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, lideró a un grupo de países que alzaron la voz para dejar patente su molestia con la idea de prohibir las armas atómicas. El argumento es que este no es el mejor momento para erradicar ese arsenal, y Corea del Norte sirve como excusa, pues Estados Unidos cree que naciones como esa no respetarían nunca la prohibición.

No obstante, la costarricense afirma que las características de los procesos que echa a andar la comunidad internacional en el seno de la ONU la hacen ser optimista sobre el futuro de la convención.

"Los procesos en la comunidad internacional son paulatinos, y hoy puede parecer imposible que mañana se logre un acuerdo de desarme nuclear, pero de un momento a otro las circunstancias pueden cambiar muchísimo. Si hoy hubiera una explosión nuclear, la reacción de la comunidad internacional sería tal que provocaría una presión muy grande para tomar acciones", dijo Whyte.

"Lo mejor que uno puede hacer es seguir caminando. Y seguir caminando de buena fe, construyendo a través del diálogo, porque sabemos que ellos (los países opuestos al tratado) tienen una serie de objeciones y de preocupaciones y creo que nosotros, en la medida de lo posible, estamos dispuestos al diálogo y también escuchamos cuáles son las preocupaciones y tratamos de entender de qué manera podemos avanzar para que este tratado se complemente de la mejor manera posible con la arquitectura que ya existe, y fortalezca más bien toda la normativa que ya tenemos", zanjó.

Hay signos que hacen a Whyte Gómez confiar en que, esta vez, la presión de la sociedad civil sí terminará dándole un empujón al acuerdo para castigar a las naciones que desarrollen y usen armas atómicas.

Se refiere a una carta del papa Francisco en apoyo a la labor de la Conferencia, así como una petición firmada por 3.000 científicos, incluidos el destacado físico teórico británico, Stephen Hawking, y 34 premios Nobel. También, menciona el respaldo de 220 organizaciones civiles. Para la diplomática costarricense, esto demuestra el músculo ético, histórico y moral necesario para acorralar a los países que cuentan con armas atómicas, a fin de que se adhieran al tratado en proceso de elaboración.

Elayne Whyte: 'Uno es el responsable del proceso'

-¿La presión moral y política sería efectiva para que los estados nucleares se unan al Tratado?

-Fue efectivo con las armas biológicas y las armas químicas y lo que se busca en esta oportunidad es iniciar un camino que permita sentar las bases para que esto suceda. Los países nucleares plantean que, en el contexto actual, es muy difícil como para pensar en la reducción de las armas nucleares. Bueno, qué elementos pueden suceder de la noche a la mañana para que haya un cambio de circunstancias. Hace muchos años no preveíamos el final de la Guerra Fría, el fin del mundo bipolar, y sucedió... ¿Y en qué estábamos lo politólogos y los analistas internacionales que no vimos que eso iba a suceder? No lo vimos y sucedió.

Los procesos de cambio social no son tan previsibles. Posiblemente, nos pueda llevar generaciones, o puede ser que de un momento a otro se genere un elemento que dispare un cambio en la comunidad internacional que nos haga llegar allá. El que haya una norma jurídica implica una manifestación de voluntad política y ciertamente tiene un impacto en la comprensión ética de este proceso. Yo digo que este proceso es muy interesante porque tiene elementos de los procesos que son exitosos. Son proceso racionales porque hay ciencia y pensamiento crítico racional, pero también hay sentimiento, hay pasión y hay convencimiento profundamente ético y humano. Usted puede sentir eso en las sesiones.

-¿Cómo pretende la Convención garantizar que se cumplan las obligaciones del Tratado?

-El tema de verificación y cumplimiento es esencial en las negociaciones.

-El Consejo de Seguridad de la ONU está compuesto, en cuanto a sus miembros permanentes, por Estados que poseen armas nucleares, ¿Hay alguna posibilidad de que ese órgano de la ONU vete el Tratado de prohibición de uso de armas atómicas?

-No con las reglas de la Asamblea General. Se convocó la Conferencia con las reglas de la Asamblea General. Para adoptar el tratado, la Conferencia tiene sus propias reglas de procedimiento que se adoptaron durante el primer día de trabajo, lo cual es un indicador de éxito, porque muy a menudo estas conferencias se pueden ver paralizadas por el tema de la discusión de reglas de procedimiento. En los temas de fondo se requiere mayoría calificada y ya en la Asamblea General se da la votación normal.

¿Cuál es su rol como presidenta de la Convención?

-Uno es el responsable del proceso. Eso implica que le proponga a la conferencia las reglas de procedimiento y promover que las reglas se adopten, conducir los debates, proponer la agenda, estructurar las discusiones, proponer documentos y de qué manera se va a discutir, puedo someter temas a consideración y allí incluso someter a consideración de la Conferencia textos que ellos tienen que aprobar. Es un liderazgo procedimental, político, fundamentalmente de promover un diálogo franco, ecuánime, tener las puertas abiertas para escuchar las posiciones, lograr que haya una atmósfera de entendimiento entre los delegados y adoptar decisiones. La presidencia puede proponer un texto final, que no puede estar desvinculado de la discusión que se dé en la Sala y puede volver a proponer versiones revisadas de ese mismo texto.

-¿Cómo ha enfrentado la delegación permanente de Costa Rica este proceso en la ONU?

-Ha sido una sobrecarga y nos ha costado mucho. En Nueva York hemos laborado con el mismo personal y con los especialistas de Cancillería, que los movemos para que nos apoyen allí y en Ginebra. Lo hemos enfrentado con los recursos humanos y el conocimiento que tenemos. El tema ha sido ubicarlos de acuerdo cuando se necesiten. Es un apoyo fundamental.

-Los Estados con armas nucleares están en contra de este tratado ¿Cuándo negociará la Conferencia con esas naciones?

-Las negociaciones con ellos se desarrollarán cuando se tenga un texto, cuando la norma ya esté desarrollada para ver cuáles serían las reglas que regirían.