7 abril, 2014

Tomó esta decisión semanas después de haber anulado el sufragio en la primera ronda, al igual que su esposo y dos hijos mayores.

Su otro hijo, el menor, sí dio su voto válido el 2 de febrero, contó Zúñiga, y fue él quien la hizo “recapacitar” e informarse con el fin de definir su voto para quien consideró el mejor candidato.

“Del próximo presidente espero que se interese por las necesidades de la gente más humilde. Tengo fe de que escoja a la gente correcta (en el gabinete)”, aseveró.

Al igual que Zúñiga, el guarda de seguridad José Vega también cambió de opinión luego de abstenerse en la primera vuelta.

“Me decidí porque si voto y pasa algo, tendré derecho a recriminar. Además, si nos vamos a embarcar, por lo menos que sea con algo diferente”, expresó el alajuelense.

Ambos son parte del grupo de ocho abstencionistas identificados desde octubre por la empresa Unimer con el fin de que La Nación diera seguimiento a sus opiniones y acciones electorales. Mensualmente este diario informó sobre ellos.

Al final, solo dos no votaron: los empresarios José Montero y Rafael Vega fueron los únicos que permanecieron indiferentes durante esta campaña que se extendió por casi seis meses hasta culminar ayer. “Ningún candidato puede cambiar a Costa Rica”, alegó Montero.