OIM advierte de que la capacidad de atención tica ya está desbordada

 10 agosto, 2016
Migrantes en fila para ingresar a Costa Rica por el puesto migratorio de Paso Canoas, en la frontera con Panamá, el jueves pasado. Cada día, llegan cerca de 150 personas. | JOSÉ CORDERO
Migrantes en fila para ingresar a Costa Rica por el puesto migratorio de Paso Canoas, en la frontera con Panamá, el jueves pasado. Cada día, llegan cerca de 150 personas. | JOSÉ CORDERO

Panamá y San José. AFP. Los migrantes que lleguen a Panamá por la frontera con Colombia serán atendidos por las autoridades locales y tendrán permiso para continuar hacia la frontera con Costa Rica, como parte de su ruta hacia Estados Unidos.

Así lo manifestó ayer el presidente panameño, Juan Carlos Varela.

“Se mantiene el cierre de la frontera a migrantes irregulares, pero a aquellos que estén utilizando estos puntos (de la zona selvática del Darién) para cruzar y ya ingresen a nuestro territorio se les va a dar la asistencia humanitaria para que sigan su ruta”, declaró.

“Panamá no va a permitir que nadie que ya ha cruzado hacia nuestro país muera en nuestra tierra”, añadió el mandatario durante un acto público.

Migrantes irregulares, principalmente haitianos que han permanecido en Brasil, así como africanos, asiáticos y cubanos, atraviesan constantemente la frontera selvática entre Colombia y Panamá.

Unos 800 migrantes se mantienen en Panamá y otros 2.500 están varados en Costa Rica por la negativa de Nicaragua de permitirles el paso a través de su territorio, aunque unos 3.000 han logrado evadir los controles e irse por sus propios medios.

Varela anunció que existen diferentes puntos de control y asistencia para los foráneos, además de que se está construyendo un campamento en la localidad de Metetí (provincia de Darién) para su atención.

En esos puntos, las autoridades panameñas identifican a los migrantes y les brindan alimentos, así como servicios sanitarios, entre otros.

“Lo que hay es un corredor humanitario”, explicó Varela, quien añadió que dos colombianos fueron detenidos por cargos de tráfico de personas.

La zona selvática del Darién, de más de 15.000 kilómetros cuadrados, es atravesada por los foráneos que intentan cruzar de Colombia a Panamá y, en ella, se exponen a enfermedades, y a flagelos como hambre y sed.

Varela reconoció que detener completamente el flujo de extranjeros por esa área requeriría “toda la fuerza pública” del país.

Según autoridades colombianas entre el 19 de mayo y la pasada semana, han salido por Turbo, en el noroeste de Colombia, 7.903 migrantes irregulares y más de 5.800 han sido deportados.

Desbordado. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) advirtió de que Costa Rica vio sobrepasada su capacidad de atender a las personas en esta condición que se encuentran en su territorio. “El Gobierno costarricense abrió cuatro centros para darles asistencia básica a los migrantes, con alimentos, abrigo y asistencia médica, pero estos se encuentran al tope de su capacidad y otros 1.500 viven en condiciones precarias en un campamento a menos de un kilómetro de la frontera con Nicaragua”, agregó la OIM.

La agencia de noticias AFP verificó las condiciones deplorables de este campamento en una visita reciente a la zona, donde se observó cómo hombres, mujeres y niños viven en carpas levantadas sobre el fango, sin condiciones mínimas de higiene.

“Costa Rica ha sido muy generosa, pero ahora está sobrepasada. Muchos de los migrantes varados aquí han vendido todo lo que tienen para pagar, por lo que esperaban sería un viaje a una vida mejor. Muchos están traumatizados por los abusos sufridos y algunos quieren volver a casa, pero no poseen los recursos”, comentó el jefe de la misión de la OIM en Costa Rica, Roeland de Wilde.

“Los extranjeros, quienes continúan llegando a una tasa de 100 a 150 por día, son principalmente haitianos, algunos de los cuales dicen ser africanos. También hay de países africanos y asiáticos, incluyendo Congo, Senegal, Ghana, Costa de Marfil, Togo, Nepal, Bangladés, Somalia, Afganistán e Irak”, señaló el organismo.

Según el canciller Manuel González, el 95% proviene de Haití, pero oculta su origen para evitar el proceso de deportación.

Algunos de los foráneos han recurrido a traficantes de personas conocidos como coyotes, pagando $1.000 (¢540.000) o más, y muchas veces son estafados.