Falleció a los 94 años por complicaciones posteriores a una cirugía

Por: Álvaro Murillo 14 junio, 2014
JORGE NAVARRO
JORGE NAVARRO

A uno de los muchos estudiantes que lo visitaban como quien visita un museo vivo e histórico, Beto Cañas le confesó que siempre pensó morir joven.

Se equivocaba don Beto. Vivió tan largo y tan intenso como solo pueden los cuerpos fuertes y las mentes dinámicas, dos factores que sirven para concluir que Costa Rica acaba de perder a un personaje digno del Renacimiento.

Complicaciones posteriores a una operación intestinal acabaron con los 94 años de vida de quien de joven creyó que jamás llegaría a la vejez. No hubiéramos conocido la faceta de Cañas como el cascarrabias que hablaba sin tapujos por encima de los juicios y en la línea de sus prejuicios, con toda la autoridad moral de quien ha vivido demasiado.

¿Cómo llamar a un hombre que ejerció decenas de cargos públicos y no paró de crear y escribir y opinar y refunfuñar y pensar y polemizar? La lista ofrece muchas opciones, porque en su vida fue abogado, periodista, dramaturgo, cuentista, diputado, ministro, embajador, autoridad en la Guerra del 48, directivo de la CCSS, político de banderas y hasta concejal del distrito San Pedro de Montes de Oca.

Lo de académico e intelectual se queda corto para alguien que hizo mucha calle como político y que supo subirse a tarimas. Este 6 de abril por la noche fue su último acto electoral cuando celebró el triunfo del Partido Acción Ciudadana (PAC). Iba de campera gris por encima de camisa y abrigo, con el sombrerito icónico de la campaña del PAC y un bordón con la bandera rojiamarilla.

Estaba sonriente. Acaba de acompañar el mazazo al bipartidismo en el cual él ocupó un papel prominente como fundador y militante activo del Partido Liberación Nacional (PLN), con una figura ante la que fue devoto hasta el final de sus días: Pepe Figueres.

Tan figuerista fue Cañas que en el año 2011 se atrevió a alabar a José María Figueres Olsen, hijo de don Pepe y blanco del discurso pro ética del PAC, fue calificado por Cañas como “un hombre de mucho talento y sobre todo una persona honorable”.

Sus palabras no cayeron bien en la corriente el PAC de Ottón Solís, pero ¿quién se atrevería a desmentir en público al venerable don Beto? Pocas voces se atrevían a criticarlo, incluso cuando en el 2009 aplaudió el golpe de Estado en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya. Es de suponer que sus alabanzas a Figueres Olsen las expreso en parte por su afinidad con don Pepe, de quien fue embajador en Naciones Unidas (1948-1949), vicecanciller (1955-1956) y ministro de Cultura (1970-1974).

Antes, en 1948 fue secretario interino de la Junta Fundadora de la Segunda República presidida por el caudillo.

Con Figueres Olsen fue diputado en 1994, compañero de bancada del Ottón Solís, a quien seis años después daría la adhesión para combatir al PLN, por considerar que cayó en las manos de “los neoliberales” con Óscar Arias Sánchez y su hermano Rodrigo.

El PLN se había desviado de su ideología y de su ética, argumentó en el 2000 (“Es una fábrica de diputados (...) Va hacia la debacle”). Su discurso por la ética era tal que en una de sus clases a estudiantes de periodismo (aún este año seguía de profesor) regañó a un alumno que se atrevió a poner la legalidad por encima de la moralidad.

“No, no, no ¿Cómo se le ocurre que lo legal está por encima de lo moral?” le dijo con volumen explosivo al muchacho, un razonamiento que podría explicar sus polémicas declaraciones del 2009 al apoyar el golpe de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya.

“Ojalá se vuelen también al loco de Venezuela (Hugo Chávez), ¿Quien? No sé,pero tampoco hay que pensar que un señor porque lo eligieron es sagrado”, dijo entonces al sitio elpais.cr con la característica voz pedregosa que agravaba sus comentarios sin sutilezas. Los sectores de izquierda y progresistas menos conservadores siempre lo vieron con distancia.

Cañas contaba que muchas veces como diputado había roto el quórum legislativo para evitar que se votaran proyectos. “¿Acaso es delito? Yo lo hice muchas veces ¿Eso está en los 10 mandamientos? Si van a hacer una torta y yo puedo levantarme, me levanto. En eso no hay falta de ética ni de patriotismo. En el año 45 toda la oposición se fue de la Asamblea por seis meses y nadie criticó a nadie”, dijo en el 2007.

Pero no solo tenía ácido para la política. “Para ser poeta hay que ser miembro del poder, pero para ser hijueputa no”, manifestó en una entrevista en abril del 2012 a manera de sarcasmo para criticar la idea de crear un Colegio de Profesionales en las Artes.

Lo decía como artista que fue. Fue un amante loco de las letras desde que aprendió a leer a los tres años ayudado por su hermana mayor en un ambiente doméstico de cierto abolengo (“ clase media pequeño burguesa”, definió él con palabras de los años 50). Esas letras fueron la madera de sus creaciones como escritor. Produjo poesía, teatro y cuento en torno a temas sociales de la clase media, además de cientos de artículos periodísticos que aún este mes publicó en el diario La República, bajo el nombre de Chisporroteos. Fundó la Compañía Nacional de Teatro, la Escuela de Comunicación de la UCR y era miembro de la Academia Costarricense de la Lengua.

Recibió el Premio Magón de Cultura en 1976, el Premio García Monge y muchos Premios Aquileo Echeverría, además del premio Pio Viquez de Periodismo en el año 2012, por su carrera periodística en más de seis diarios durante décadas. Todos los días leía el diario aunque fuera a criticar el periodismo contemporáneo, lo mismo que la literatura contemporánea y la política contemporánea. Además, es famosa su frase algo petulante contra el ingreso de “la gradería de sol” a la Asamblea Legislativa.

Creyó en una democracia vertical y de mando fuerte. Quizá por eso simpatizó con el estilo de Ottón Solís, además de sus ideas, aunque llegó a calificar de “tontera” la prohibición de diputados del PAC de usar carros oficiales del Congreso. Al PAC llegó cuatro meses después de fundado por Ottón Solís. Lo apoyó, le ayudó a elaborar listas de posibles ministros, presidió el partido, se enfrentó a la corriente reformista y el único cargo de elección popular que aceptó con esta bandera fue un puesto secundario de nivel municipal. Decía que a su edad ya no estaba para más responsabilidades.

Tenía 94 años y una agenda movidita. Escribía, leía tres horas diarias los clásicos que tenía pendientes y otros que ya había disfrutado y seguía haciendo el programa radiofónico “Así es la cosa” (Monumental) en la que básicamente hablaba de lo que le daba la gana como le daba la gana con dos contertulios un poquito menores que él. Era diabético y tenía una hernia, pero su salud daba para ir y venir, para dar clases hasta hace poco. Y si no iba a los estudiantes, ellos iban a él.

Él los atendía sentado en un sillón o en su silla mecedora, como el martes 3 de junio a las 4 de la tarde, cuando dio su última entrevista a La Nación (publicada hoy) y a un grupo universitario. Estaba alegre y tosía poco pero fuerte. Bien para un hombre de 94 años que fumó por cinco décadas. Se levantaba con dificultad de la silla y parecía dispuesto a tocar la noche contestando lo que fuera.

Dijo que los jóvenes deberían buscar una agenda común como la que procuró al participar en 1940 (a los 20 años) en el Centro para Estudio de los Problemas Nacionales (semillero del PLN) con figuras como Jorge Rossi, Gonzalo Facio, Fabián Dobles, Carlos Monge e Isaac Felipe Azofeifa. Su memoria era prodigiosa y generosa para fechas y detalles.

Los muchachos pararon la entrevista. Ya lo habían oído defender al gobierno de Luis Guillermo Solís (“el político más hábil que tiene el país”), en cuyo equipo de gobierno hay un nieto suyo, Sebastián Urbina Cañas, viceministro de Transportes e hijo de la hija Alda, única mujer junto a tres varones.

Le escucharon más críticas al PLN, mucha historia y la confesión sobre su expectativa de vida. Viudo y sin amigos de su edad, era feliz con sus hijos, nietos y bisnietos. Sus familiares dicen que su carácter en la casa era tan suave como explosivas eran sus palabras públicas. Vivía tranquilo con sus libros, su música y películas, además de los recuerdos infinitos de una vida tan larga y pletórica. Creyó que moriría joven y no; murió niño, diciendo lo que quería y como quería.

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