Por: Gerardo Ruiz R. 31 diciembre, 2015
RAFAEL MURILLO
RAFAEL MURILLO

Los vientos de fin de año acarrean de Zapote a Cuesta de Moras un aroma a tregua.

Sergio Alfaro, el ministro de la Presidencia, envía un mensaje conciliador a la oposición, a la que toca con guantes de seda, rumbo al 2016, en el cual el primer propósito del Gobierno será lograr la aprobación de una reforma tributaria.

A noviembre, el déficit fiscal del Gobierno Central rondaba el 5,1% del producto interno bruto (PIB), según Hacienda.

El hoyo en el bolsillo pone en aprietos a la administración Solís Rivera que el año entrante ya no tendrá ingresos por colocación de bonos en el exterior.

Alfaro, quien sustituyó en abril a Melvin Jiménez como titular de la Presidencia, dejó ver en una entrevista con La Nación ese interés del Poder Ejecutivo por acercarse a las fracciones legislativas de oposición, a las que reconoce como sus aliadas obligadas en la batalla fiscal.

¿Qué le ha faltado al Gobierno para posicionar su mensaje de “emergencia fiscal” a fin de que la oposición acceda a aprobar nuevos impuestos?

El Gobierno ha hecho todo lo que está a su alcance para divulgar la gravísima situación financiera del país y la necesidad de un ajuste fiscal relevante. En los últimos meses, Hacienda ha generado una cantidad inusitada de foros y debates con cámaras, sindicatos, asociaciones y la representación legislativa, con la participación de las más altas autoridades de organismos financieros internacionales.

¿Ese panorama novedoso de ‘emergencia fiscal’ que pintó el ministro de Hacienda hace un par de semanas lo está obligando a usted a emplearse más a fondo en la negociación de los proyectos fiscales?

La situación fiscal debe obligarnos a todos a informarnos de la propuesta del Poder Ejecutivo, así como de aquello que cada sector defiende en la Asamblea, mientras se discute la amplia agenda fiscal de tres proyectos de impuestos y siete de mejora a la calidad de la gestión de los fondos públicos y el rendimiento de los trabajadores públicos.

¿Qué se juega el Gobierno en el 2016?

En este punto, Costa Rica se juega su estabilidad económica, por lo que todos debemos poner lo mejor de nosotros mismos. El país se lo juega todo en el 2016 para impedir una crisis fiscal. Este debe ser el objetivo de todos los que amamos a Costa Rica.

Afirman los opositores que en lugar de enviar señales de austeridad, el Gobierno despilfarra.

Creo que no hay un solo presupuesto que sea inferior al del año que le precedió. El presupuesto 2016 es el de menor crecimiento en una década. Hay ministerios que recibirán menos que el año anterior, y los principales aumentos se centran en el sector educación y en seguridad pública. Estos son hechos y es lo que habla por el Gobierno.

¿Cuál ha sido el partido opositor más colaborativo?

Dada la estructuración reglamentaria del Parlamento, no es posible aprobar prácticamente nada sin la anuencia de todas las fuerzas políticas. Así, casi todo lo que se logra aprobar lleva necesariamente el sello de todas las fracciones parlamentarias.

¿Ya hallaron el punto débil de la alianza opositora (que controla el Congreso desde mayo)?

Uno solo encuentra aquello que anda buscando. Nunca hemos pretendido ‘quebrar’ la alianza opositora, por lo que era innecesario buscar un ‘punto débil’. Lo que sí se ha hecho es buscar un trabajo ordenado en coincidencia con la voluntad de las mayorías legislativas

¿Qué está haciendo el Gobierno para recuperar el control del Directorio legislativo, el 1.° de mayo del 2016?

El Poder Ejecutivo es muy respetuoso del gobierno interno de los otros Poderes del Estado; no creemos que debamos intervenir en una decisión que sólo compete a los diputados

¿Qué fue lo más difícil que le tocó enfrentar al gobierno de Luis Guillermo Solís durante este 2015?

Lo más complicado de enfrentar fue dejar de ser una novedad política y pasar a dar cuentas de lo que se hace.

¿Cuál ha sido la factura política más cara que ha tenido que pagar la administración durante el año que acaba?

A mi juicio, es administrar una estructura burocrática institucional que tiene dificultades para tomar decisiones, tanto las más simples como las más complejas. La responsabilidad funcionarial en Costa Rica es dura, ya que el funcionario responde con su patrimonio y su libertad personal por cada cosa que hace; de ahí que cada decisión conlleva la realización de múltiples consultas y revisiones tanto de órganos internos como externos.

¿Qué acciones tomaron para lidiar con esa circunstancia?

La introducción de un ministro de Comunicación al equipo de trabajo constituye un paso fundamental. El trabajo del ministro Mauricio Herrera no ha estado exento de polémica, pero, a mi juicio, el Gobierno ha ganado en la transmisión del mensaje que se quiere dar.

Usted dijo al inicio de las sesiones extraordinarias de diciembre, que el Gobierno había corregido algunos de los aspectos que llevaron al Parlamento a fracasar durante la primera legislatura en la búsqueda de acuerdos políticos que aumentaran la productividad y el calado de la legislación avalada ¿Cuál fue el cambio?

Todos quieren la paternidad del éxito y nadie quiere que se le atribuya el error. En el caso de la forma en que se conducen las relaciones Ejecutivo-Legislativo, la construcción la hacemos en un grupo donde participo yo con el viceministro de Asuntos Legislativos, Luis Paulino Mora y su equipo de trabajo; a este equipo, en los temas fiscales y presupuestarios se suma el Ministerio de Hacienda. Si las cosas salen bien, el logro es del equipo, si no es así, la responsabilidad es mía.

”Tres cosas pueden apuntarse como cambios puntuales: hacer públicas las prioridades legislativas del Ejecutivo; se hizo una carta a los Jefes de Fracción y se divulgó a la prensa, y mantener la posición del Ejecutivo clara en los proyectos, sean prioritarios o no; mantener atención a que los procesos fluyan en la Asamblea, usando la convocatoria y desconvocatoria de proyectos como herramienta para hacerlos avanzar y, finalmente, la coordinación de todo el proceso con los jefes de fracción, lo que permite que la modelación de la agenda legislativa requiera un alto grado de consenso para que sea viable lograrla”.

¿Y cuál es el efecto de ese cambio?

En agosto, durante 11 sesiones efectivas, se votaron seis proyectos de ley en primero o segundo debate y, en diciembre, con 11 sesiones efectivas, se votaron siete. En las extraordinarias de agosto y diciembre no se han aprobado proyectos de fácil tramitación y se ha votado legislación de fondo que tenía largas esperas, como la ampliación de competencias municipales, el Código Procesal Civil, la Reforma al Código de Trabajo y la eliminación de sanciones contra el ejercicio de la Libertad de Expresión.

¿Qué tan difícil fue sustituir a Melvin Jiménez dentro de Gabinete y dentro del círculo de confianza del presidente Solís?

Ser ministro de la Presidencia es difícil por sí mismo, sin importar qué sucedió antes de asumir el cargo. Es un cargo de coordinación de múltiples factores que convierte al ministro en un resolutor de problemas en última instancia, antes de que intervenga el Presidente. Yo no creo en eso de los círculos de confianza, si algún miembro del gabinete no gozara de la confianza del Presidente, mal haría el ministro en quedarse y mal haría el Presidente en no removerlo. De haber un círculo de confianza, ese es el gabinete.

¿La "herencia" que le dejó Melvin Jiménez al irse del ministerio ha pesado para bien o para mal en su gestión?

Don Melvin tenía un método de trabajo distinto al mío, al llegar pude cambiar lo que consideré necesario en los objetivos y organización del equipo de trabajo del ministro y, con ello, cambiar también la dinámica de la relación con los diferentes interlocutores.