Por: Esteban Oviedo 17 mayo, 2013

A las 5 p. m. de ayer, luego de no aparecer en todo el día por los pasillos de la Casa Presidencial, Mauricio Boraschi, jerarca de la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS), subió el puente que conduce al despacho de la presidenta, Laura Chinchilla.

Caminó rodeado de otras dos personas. Iba de traje entero y con unos papeles bajo el brazo. Apenas saludó.

Media hora después, el también viceministro de la Presidencia y comisionado nacional antidrogas bajó el mismo puente, no se detuvo y entró a una oficina en la planta baja.

Permaneció allí por hora y media. Apenas se le veía a través de una ventana y una cortina, junto a una mesa, donde conversaba con otras personas. Lo resguardaban oficiales de la DIS.

La prensa lo esperaba para preguntarle por qué la Dirección de Inteligencia no verificó a quién pertenecía el avión usado por la mandataria para viajar a Venezuela y Perú, el cual resultó estar vinculado con un polémico empresario.

A las 7 p. m., Boraschi salió por una puerta lateral al parqueo, donde lo esperaba un vehículo que aceleró raudamente.

Chinchilla estaba en la tarde en su despacho. Temprano, dijo en un comunicado que no daría declaraciones para concentrarse en evaluar “acciones correctivas”, pero a media tarde empezaron a subir los equipos de grabación, lo que presagiaba una cadena televisiva para la noche.

El miércoles, avanzada la tarde, Chinchilla estuvo en su casa con un grupo pequeño para reflexionar, luego de que su ministro de Comunicación, Francisco Chacón, renunció por este caso.

El exministro estuvo ayer desconectado. Chinchilla se reunió en algún momento con su ministro de la Presidencia, Carlos Ricardo Benavides. El vicepresidente Luis Liberman, en tanto, inauguraba un nuevo local de Walmart, en Alajuela.