Por: Álvaro Murillo 7 mayo, 2015

El presidente Luis Guillermo Solís ha tenido un año para personalizar su despacho y para comenzar a gobernar. Lo primero está cumplido y lo segundo está en proceso, insistió en la entrevista que concedió, el lunes por la tarde, a La Nación .

Hay fotos de familiares, a quienes dice haber sacrificado por tiempo. Hay un rincón de recuerdos de compañeritos de su hija menor, Inés, en el Liceo Franco Costarricense, en donde destaca un libro hecho a mano titulado La primavera política en Costa Rica . Hay una foto de Pepe Figueres, una camiseta de la Sele y una imagen de cuando él saludó al papa Juan Pablo II (gobierno de Figueres Olsen, 1994-1998).

También se ven fotos del excanciller Rodrigo Madrigal Nieto (1986-1990) y de Alberto Cañas, además de un casco de bombero, otro de la Cruz Roja, una gorra del Tránsito y otra de Guardacostas.

El escritorio está apenas ordenado y en un mueble está la imagen de La Negrita, junto a una Biblia abierta en las páginas donde se despliegan los salmos del 27 al 31 (del título “Jehová es mi luz” al de “Declaración de confianza”), con un rosario en medio.

El mandatario llegó al despacho de aparente buen humor y así se mantuvo en toda la conversación. Al cumplir casi un año, dice que va aprobando su labor con “poquito más de 7” y que las cosas no están tan mal como otros las pintan. Advierte, además, de que en adelante, la oposición debe ser corresponsable de lo que ocurra, ahora que controla el Congreso.

¿Qué le reclamaría el ciudadano Luis Guillermo Solís al gobierno de Luis Guillermo Solís?

La gente me pide que persista y no me eche para atrás. Lo que miro en medios y redes sociales es que el cambio no ha sido suficientemente rápido. A eso respondo que me eligieron por cuatro años, no por uno, y que el proceso no es fácil y lleva más tiempo.

¿Satisfecho ese ciudadano?

Me doy un satisfactorio, no me doy un excelente. Me hubiera gustado hacer muchas cosas más, pero hay un límite de tiempo y faltan tres años más. Lo hecho, hasta ahora, será superado (...). Voy aprobando con un poquito más de 7. Se hacen cosas que no se han comunicado bien y eso ha sido un talón de Aquiles.

También los gobiernos anteriores decían que hacían cosas y que el error era no comunicar.

En este caso, no tuvimos al arranque un ministro de Comunicación ni una figura con la responsabilidad de articular la política de comunicación.

¿Qué lección saca de su primer año?

Hay una obvia: la resistencia al cambio no es en vano. Uno desacomoda entendimientos que desde hace mucho tiempo se han mantenido inalterables. Hay reacciones cuando empiezan a ser cuestionadas las malas prácticas de la Administración Pública y cuando se cambia el rumbo desde una economía concentradora de riqueza, hacia una que pretende mayores encadenamientos. Hay blindajes burocráticos, legales, institucionales que se construyeron por décadas y que requerirán gran tenacidad de este gobierno y de los futuros.

Luis Guillermo Solís
Luis Guillermo Solís

¿Qué cambios cree usted debería poder percibir la gente?

Hemos recuperado un cierto sosiego en las calles tras la turbulencia social de los últimos dos años del gobierno Chinchilla. Eso es, en buena medida, gracias a la gestión de don Melvin Jiménez.

Y ahora no está don Melvin.

Bueno, hay otras personas que pueden atender eso.

Entonces, un ejemplo de los logros es que no hay protestas.

Sí, pero otro tema es la economía. Los datos del Banco Mundial y del FMI (Fondo Monetario Internacional) indican que el país vive un momento de estabilidad y, sin embargo, se dice que estamos en estado de coma. Ese tipo de percepciones tan disímiles me llaman mucho la atención.

¿Será que se percibe así o que eso se dice para criticar?

No lo sé, pero la discrepancia es muy fuerte. Yo miro estabilidad donde ellos miran falta de oportunidades. Hay una discrepancia no resuelta, pero es potestad de los sectores dar su visión.

A usted lo apoyaron en campaña los sectores cultura, ambiente, defensores de animales y activistas de derechos LGTB. ¿Sabe que muchos de ellos ahora se dicen desilusionados?

Sí, claro, pero muchos de esos sectores, creo, no están bien informados o no han comprendido conceptos fundamentales de la campaña. Menciono dos temas: en materia de diversidad sexual, seguimos comprometidos con las sociedades de convivencia, pero por eso hemos tenido mucho cuidado en administrar el proyecto de ley, porque no queremos que acabe en el archivo.

¿Y sobre los animales?

La ley está en la Asamblea y lo estuvo en todo el periodo de sesiones extraordinarias, pero allí hay un debate entre los que defienden los derechos de los animales y los que se enfocan en los animales de producción. Ahí tampoco hemos cambiado la línea.

Lo han criticado también los ambientalistas, bastante.

Las tesis de campaña no han sido suficientemente aclaradas entre un ambiente que se defiende y se conserva con gente, y un ambiente que se conserva como un fin en sí mismo. Estamos en la primera tesis.

¿Lo malinterpretaron en la campaña?

No lo creo, pero ha habido énfasis en sectores que claramente no coinciden con cómo el Gobierno cumple sus responsabilidades.

Dijo que iba a revisar su gabinete y, al final, no hubo ningún cambio producto de esa evaluación al final de su primer año.

Hay seis cambios sustantivos por motivos distintos. Destituciones fulminantes no ha habido ninguna ciertamente, pero igual, los nuevos titulares dan frescor y energía. Además, creo que la gestión ha sido satisfactoria. Sería contradictorio que yo dijera esto y quitara el 75% del gabinete.

El Festival Internacional de las Artes (FIA) fue un fracaso...

Sí, sí.

Sí, pero la ministra se mantiene en el cargo. ¿Cómo explica?

El sector cultura no es solo el FIA. El FIA ha sido el gran fracaso de la gestión del sector cultura este año, pero se han hecho muchas cosas buenas (...). Ha habido un descalabro con el FIA y el próximo tiene que ser el mejor de la historia. He señalado que no podemos dejar los procesos de rendición de cuentas y fijación de responsabilidades en el aire y que se necesita una persona, la ministra, que rinda un informe al presidente y al país de qué pasó.

En acceso a información, la frase “casa de cristal” ha sido usada más por los críticos que por ustedes.

Con algunas excepciones, se ha dado toda la información. Con las bitácoras de visitas y la información carcelaria había asuntos de seguridad nacional y la Sala IV nos dijo ‘no’ y, entonces, lo entregamos. Decir que no hay casa de cristal, es un poco exagerado.

En materia de leyes tributarias, con la Asamblea Legislativa en manos de la oposición, ¿no cree acabará dándose cabezazos contra la pared?

Espero que no. Creo que hay justicia en sus puntos de vista y razón de plantearlos, pero este es un gobierno que no ha quitado el pecho a la responsabilidad de llevar adelante el tema fiscal, porque nos tocó. Ya no se puede ir más lejos sin esa reforma. Está en riesgo la estabilidad estructural del sistema y eso lo dicen los organismos internacionales y las agencias calificadoras de riesgo. Vamos a ir por las calles y explicar de qué se trata la reforma fiscal; no podemos darnos el lujo de no hacerla. Cada vez lo entienden mejor sectores que no estaban dispuestos a hablar de ello.

Lo que le piden es que recorte gasto sustancialmente.

Yo estoy de acuerdo con eso. Entramos en un recorte voluntario de ¢42.000 millones y después atendimos recortes por ¢221.000 millones y en esta última etapa redujimos ¢61.000 millones más. Hacemos un seguimiento institución por institución, para garantizar buena ejecución. En ciertos casos, eso es casi un acoso.

Pero usted no logra convencer a los diputados y ellos deciden.

Pues tendré que convencerlos y hacer preguntas algo incómodas: ¿de dónde quieren que recortemos más el gasto?, ¿quieren que cerremos escuelas?, ¿que cerremos hospitales?, ¿que tiremos masivamente empleados públicos a la calle? Claro que hay esfuerzos del Gobierno sobre los disparadores del gasto, pero no podemos seguir con una carga fiscal del 13%. Colombia tiene 20%, con una perspectiva de desarrollo parecida a la nuestra.

¿Hay alguna razón que lo deje ser optimista en el tema fiscal?

Mire, casi siempre el optimismo en materia tributaria lo lleva a uno a grandes decepciones. Lo que quiero ser es responsable y pensar que la clase política y las élites de los sectores también lo son. Yo seré presidente tres años más, pero después vendrá otro gobierno, del partido que sea y tendrá que asumir al país en las condiciones en que quede. Sin reforma fiscal, el país será más inestable y más conflictivo.

¿En qué momento se dio cuenta del problema, si usted en campaña decía que antes de dos años no iba a pedir impuestos?

Lo que estoy diciendo es que no lo voy a lograr en menos de dos años, porque nos queda un año, por lo menos, de negociaciones.

Usted dijo que iba a esperar dos años para ver si era necesario pedir impuestos, pero desde hace meses los está pidiendo.

No tendremos una negociación de impuestos que culmine en menos de un año. Eso significa que habrá nuevos impuestos, si se aprueban, en el tercer año. ¡Si esperáramos al tercer año para discutir esto, no habría impuestos, sino en el cuarto año! Eso no tendría pies ni cabeza.

¿Qué ha sido el Frente Amplio para usted en este gobierno?

Ha sido un referente legislativo incuestionablemente comprometido, que ha cumplido sus obligaciones, al igual que lo ha hecho el Gobierno con ellos. Hemos sido socios, aunque no aliados porque ha habido discrepancias, como la terminal de muelles de Moín.

¿Cuenta con FA en lo fiscal?

No todavía, pero creo que hay distintos sentimientos internos.

¿Es una mala noticia tener un directorio de oposición?

No necesariamente. Lo políticamente correcto sería decir que es muy grave perder esa relación Gobierno-Congreso, pero en la realidad, eso no es así. Esta es una de esas circunstancias en que la oposición, casi obligatoriamente, se acerca al Ejecutivo, en una yunta por una agenda nacional.

¿Van a cogobernar ellos?

Bueno, la oposición tendrá que ser corresponsable con el Ejecutivo de lo que ocurra (...). Tengo una buena relación con el señor presidente, don Rafael Ortiz, y espero que eso nos ayude mucho.

¿Qué músculo le queda al PAC?, ¿con cuántos cuenta?

Con los que pueda contar en cada caso. Igual pasa con el PLN o con el PUSC. En la actual configuración, prevalece la fragmentación y uno debe aprender, aunque cueste, que cada proyecto necesitará alianzas distintas y los bloques no reflejarán un solo partido.

Usted deseaba que se reeligiera don Henry Mora y quedó lejos de lograrlo.

El PAC estará tan fuerte como lo permitan los nuevos liderazgos de la jefatura de fracción y la agenda misma. Muchos de los diputados ejercen un liderazgo, más allá de las fronteras del PAC.

¿Cuánto tiempo tiene de no reunirse con don Ottón?

No preciso, pero varios meses.

¿No es necesario?

No se ha dado la oportunidad, pero no miro en él a un enemigo.

¿Cómo imagina la aprobación del Presupuesto del 2016?

No más difícil que el del 2015.

Ese acabó aprobándose con una resolución cuestionada de Henry Mora, quien ya no estará.

Los presupuestos siempre van a tener niveles muy grandes de complejidad. Más todavía con nueve fracciones divididas y con una discusión sobre impuestos. Va a ser una discusión intensa con discrepancias, pero espero que no arda Troya.