En el 2014, Asamblea aprobó solo 1 de cada 10 planes del Ejecutivo

Por: Gerardo Ruiz R. 30 noviembre, 2015

Débil en la gestión política e inestable en su propia composición, el Poder Ejecutivo se queda sin músculo para mover los hilos, cada vez más enredados, de una Asamblea Legislativa dominada por el multipartidismo.

La gestión del presidente Luis Guillermo Solís mostró síntomas de esos males durante su primer año de gestión, en el que solo logró que los diputados aprobaran, en promedio, 1,3 de cada 10 proyectos prioritarios que les envió para su debate.

En su XXI informe, que presentó en noviembre, el Programa Estado de la Nación (PEN) concluyó que el nuevo balance de poder, producto del multipartidismo en el Congreso, restó capacidad de manejo a Casa Presidencial ante los legisladores.

A Solís le tocó gobernar con la Asamblea Legislativa más fragmentada de la historia: tiene nueve fracciones y una diputada independiente, Carmen Quesada, quien abandonó la bancada del Movimiento libertario.

Táctica fallida. Frente a esa realidad, el actual gobierno optó por intensificar la convocatoria y desconvocatoria de proyectos de ley durante las sesiones extraordinarias (periodo de seis meses en el que el Poder Ejecutivo define los temas que se discuten en el Congreso).

La estrategia pretende buscar mejores espacios de negociación política para lograr el aval hacia determinados proyectos.

Sin embargo, dicha táctica no le dio buenos resultados al presidente Solís durante su primer año de gestión.

De acuerdo con el Estado de la Nación, en las extraordinarias de ese primer año la administración Solís hizo 315 convocatorias, frente a 187 hechas por el gobierno de Laura Chinchilla en su primeros 12 meses y 150 efectuadas por Óscar Arias en ese mismo plazo.

De ese total de iniciativas, Solís logró el visto bueno legislativo para un 2,5%, Chinchilla, más de un 6% y Arias, cerca del 4%.

La consecuencia fue que la Asamblea Legislativa cerró la legislatura 2014-2015 como la más improductiva de los últimos cinco gobiernos, con solo 50 proyectos de ley aprobados.

La calidad de esa legislación tampoco fue un punto alto, pues el 25% de las iniciativas que obtuvieron el sí diputadil correspondió a autorizaciones a municipalidades, leyes carentes de importancia nacional.

“Si a esto sumamos que el primer año legislativo es el tiempo más favorable para impulsar la agenda de interés para el Gobierno, el resultado nos pone a pensar más”, reflexionó Steffan Gómez, investigador del capítulo “Fortalecimiento de la democracia”, del XXI informe del PEN.

Silla inestable. La volatilidad en la integración del actual gabinete, el cual perdió a cinco ministros en el primer año, y los escándalos políticos, también obligaron al Poder Ejecutivo a replegarse y a no tomar la iniciativa política en su primer año.

Un ejemplo de esas circunstancias que señala el PEN fueron las críticas de los diputados hacia el trabajo de Melvin Jiménez.

El prelado anglicano ocupó el cargo de ministro de la Presidencia hasta el 16 de abril pasado sin lograr nunca el reconocimiento de los legisladores como su interlocutor de Casa Presidencial.

Los escándalos que envolvieron a Jiménez durante casi toda su gestión por sus decisiones fueron un escollo para la agenda legislativa del gobierno, la cual se paralizó varias veces a raíz del debate de control político que las fracciones de oposición decidieron realizar contra las actuaciones del ahora exministro.