Por: Natasha Cambronero 25 diciembre, 2015

La Cruz, Guanacaste Unos 200 migrantes cubanos se resisten a dejar el puesto fronterizo de Peñas Blancas, en la zona norte.

Allí, para poder comer, prefieren pedir dinero a las personas que viajan entre Costa Rica y Nicaragua, en vez de trasladarse a alguno de los 37 albergues que abrió la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) en varios puntos del territorio nacional.

Otro han improvisado algún negocio, pero estos son los casos menos frecuentes.

“Fui a uno de esos albergues y no me gustó, es mucha la aglomeración. Aquí me siento más seguro, ya los guardas lo conocen a uno. La gente que trabaja aquí a veces nos da una ayuda”, declaró Osniel (no suministró el apellido), un odontólogo de 39 años que está varado desde el 15 de noviembre, día en que Nicaragua les impidió a los cubanos pasar por su territorio, camino a Estados Unidos.

Otro caso es el de Yudel Linares, un informático de La Habana. Él asegura que, junto con otras cinco personas, puede recoger ¢35.000 diarios, dinero que se utiliza en comida, enseres de higiene personal, colchonetas y tiendas de campaña.

“Apenas nos alcanza para comer, la comida nos la venden entre ¢2.000 y ¢2.500 el plato”, agregó el economista Elio Álvarez, mientras cuenta, entre sus manos, 54 monedas de ¢500.

“La gente es muy generosa, principalmente los nicaragüenses”, relató su compañero de travesía Edgardo Vidal, uno de los pocos cubanos que no tiene familia en Estados Unidos.

Negocios. Otros migrantes prefieren improvisar un negocio, antes que pedir dinero.

Una migrante cubana pinta uñas en Peñas Blancas. | JEFFREY ZAMORA
Una migrante cubana pinta uñas en Peñas Blancas. | JEFFREY ZAMORA

Tal es el caso de Saniel Bermúdez, quien alquila una “bicitaxi”, la cual utiliza para trasladar personas y maletas desde el puesto migratorio de Peñas Blancas hasta la frontera con Nicaragua, un trayecto de 700 metros.

“Pago $20 diarios (¢10.800) al señor que me alquiló la bici y, por cada traslado, cobró dos rojos (¢2.000). No tengo dinero, nada que comer. Desde el 1.° de noviembre estoy aquí, fui a un albergue pero estaba lleno”, dijo.

Otra mujer, que no quiso revelar su nombre, instaló un puesto para pintar uñas. Ahí cobra hasta ¢5.000, mientras otro de sus compatriotas ayuda en un puesto de venta de manzanas y uvas.