Historiador vuelve a la Asamblea a apoyar en el despacho de la diputada Sandra Piszk

Por: Esteban Mata Blanco 1 mayo, 2014

Tiene un perro, un bastón y 60 años de experiencia como asesor en la Asamblea Legislativa.

Humberto Morales Guzmán apoya su inseparable bordón en el empedrado del Castillo Azul, sede de la presidencia del Congreso, y repasa anécdotas en su memoria, pródiga en imágenes de citas y negociaciones, acuerdos y pleitos protagonizados por diputados y líderes políticos durante seis décadas.

Humberto Morales junto a los exdiputados del Partido Liberación Nacional, Daniel Gallardo Monge (izquierda) y Federico Vargas Peralta, durante el periodo legislativo 1990-1994. | ARCHIVO/ LN.
Humberto Morales junto a los exdiputados del Partido Liberación Nacional, Daniel Gallardo Monge (izquierda) y Federico Vargas Peralta, durante el periodo legislativo 1990-1994. | ARCHIVO/ LN.

Si bien se acogió a su jubilación desde el 2010, no pierde el pulso del día a día en el plenario legislativo, al punto de que, al menos una vez por semana, se deja ver por los pasillos y despachos.

“No me he despegado de la Asamblea en los últimos 60 años. Hasta el 2010 estuve prácticamente fijo”, dice este josefino de 77 años.

Licenciado en Historia de la Universidad de Costa Rica, hoy por la mañana se pondrá de nuevo uno de sus trajes de asesor para retornar al Congreso, ahora para asistir, de manera ad honórem, en el despacho de la diputada liberacionista Sandra Piszk.

Con su capacidad para recordar caras y datos, Morales trae al presente los hechos de una tarde de 1949, cuando vio a los diputados de la Asamblea Constituyente marcar el rumbo del país en la recién fundada Segunda República.

Desde esa vez, Morales quedó atrapado en los mitos, leyendas y realidades del Poder Legislativo.

A su criterio, la mayor dificultad para los diputados es lograr acuerdos entre fracciones, algo que, dijo, es más tangible desde que surgió el Partido Acción Ciudadana (PAC) en el año 2000, y será aún más duro para los congresistas que inician labores hoy, representando a nueve bancadas, un récord histórico.

El edificio que nunca fue. Morales habla con una nota de nostalgia de la época en que el Parlamento se levantaba en “un edificio precioso”, ubicado donde ahora está el Banco Central, en San José.

Recuerda el inmueble de bóveda celeste y paredes decoradas con oro bruñido, mientras pasea por los corredores del actual edificio, desahuciado por el Ministerio de Salud.

“Yo empecé en el Palacio Nacional, donde está el Banco Central. Ahí hice mis primeros tres años  y  en 1958 nos pasamos al edificio actual, con la esperanza de que fuera provisional, pero ya pasaron más de 50 años  y  sigue siendo provisional”, relata con ironía.

Adereza la anécdota evocando que, en ese entonces, el Congreso apartó ¢2 millones para construir el nuevo edificio legislativo, monto que en esa época “era un platal”, pero que terminó sin ser utilizado debido a la falta de acuerdos entre los diputados.

Morales, que tiene más años de estar en la Asamblea, que la Asamblea de estar en el sitio que conocemos, rememora con tono jocoso la idea que se manejó inicialmente.

“El primer plan que hubo fue dedicar el edificio de la Penitenciaría para hacer la Asamblea, porque tenía una vista como la del Capitolio de los EE. UU.”, comenta.

Los años pasaron y la Asamblea sigue allí, a un costado de lo que hoy es el Museo Nacional, viendo pasar generaciones de diputados que aseguran que esta vez sí tienen la fórmula necesaria para darle al Congreso una sede digna.