Por: Esteban Mata Blanco 29 noviembre, 2015

La exfutbolista y actual entrenadora del equipo de fútbol femenino del Herediano Jacqueline Álvarez, llegó la mañana de este jueves a la ciudad nicaragüense de Rivas. Doce horas después, la deportista se vería desnuda, en una fría cama de acerco inoxidable, por tercera vez ese día, luego de caer en las manos de las autoridades de ese país.

Era un viaje relámpago con la intención de unirse a su madre para visitar a su abuela, Eda María Delgado, de 82 años, que está convaleciente en el hospital Gaspar García. Álvarez tenía prisa. El plan era ir y venir de un día para el otro en avioneta, pues el viernes por la noche tenía que presentar examen ante la Fedefútbol para obtener su licencia como entranadora B.

Finalmente, la entrenadora del Herediano femenino, Jaqueline Álvarez, afirma que enfrentó un calvario para poder visitar a su abuela, Eda María Delgado, en Rivas. /LN
Finalmente, la entrenadora del Herediano femenino, Jaqueline Álvarez, afirma que enfrentó un calvario para poder visitar a su abuela, Eda María Delgado, en Rivas. /LN

"Volé en una avioneta de Sansa hacia Costa Esmeralda, lo hice de esa manera porque el viernes tenía clases en la noche y el sábado tenía que entrenar al equipo. Yo soy entrenadora del Herediano en la Primera División de la Liga femenina".

Incluso pidió ayuda para conseguir un taxi, pues fuera de la terminal aérea no había, y los disponibles le pretendían cobrar $50 por un viaje que en realidad vale $20. Uno de los empleados del mostrador de Samsa le recomendó que caminara 500 metros para tomar un taxi sobre la calle principal.

Era un día común y corriente en el aeropuerto y el centro de Rivas estaba a solo media hora. Cuando estaba esperando un taxi, Álvarez recuerda que la abordó un oficial motorizado. "Que necesito que me acompañe", dijo.

"Pero ya caminé 500 metros", contestó.

"No se preocupe, yo la traigo de vuelta", dijo el oficial. Sin embargo, las cosas estaban por cambiar, tenía los minutos contados.

Uno de los jefes de la policía del aeropuerto la recibió y le empezó a increpar. "Me gritaba, que porqué el perro se había detenido, que por qué llevaba agua", recuerda.

La futbolista afirma que no entiende por qué le gritaban. Ella volvió a explicar el motivo de su viaje y sin decirle por qué, la llevaron a un baño amenazándola de hacer una revisión manual.

"No había mujeres policías. Solo eran hombres. Me desnudaron. Me obligaron a meterme al baño a orinar. Fue la peor experiencia de mi vida, no tengo palabras para describir como me sentí en ese momento, porque me sentí atropellada, inocente de algo que me estaban culpando, de algo que yo jamás haría. Ellos preguntaron que por qué llevaba mis botellas de agua desde Costa Rica. Yo, por mi profesión de futbolista, tengo la disciplina de hidratarme; pero eso dio pie para que ellos preguntaran que por qué llevaba tanta agua, y que si tenía una sustancia prohibida en mi cuerpo".

"Al final llegó una mujer policía pero ya ellos me habían obligado a desnudarme. Luego esa mujer me quitó la ropa a la fuerza tocándome mis senos extremadamente duro y ellos observando. No quisiera recordar eso", dijo.

A orinar y que la vieran. Álvarez afirma que la obligaron a orinar en presencia de los oficiales de la policía nicaragüense y que allí tuvo que defenderse.

"Yo soy una mujer independiente y defiendo mis cosas y tengo mucho carácter, y al ver que estaban haciendo eso yo no me dejaba, ellos decían que yo no les estaba ayudando, para ellos yo era grosera por no ayudar y me gritaban y yo les decía que tuvieran educación", dijo.

Sin desayunar aún, la montaron en una patrulla y la llevaron "engañada" a una delegación policial de Rivas, pues en primera instancia le habían dicho que la iban a llevar a ver a su abuela para corroborar la historia.

"Ahí, en un calabozo, duré como hora y media. Tenía hambre, me dijeron que no me iban a dar comida porque me iban hacer un examen táctil y un examen de Rayos X. Donde me dicen táctil casi me muero, pensé que me iban hacer algo, pensé que me iban a violar".

"Les dije que me hicieran Rayos X, pero un examen táctil no, y menos hombres; eso fue trágico y no sabía que hacer. Yo le estaba contando todo a mi familia por el teléfono", agregó.

"Les dije que me hicieran Rayos X, pero un examen tactil no, y menos hombres; eso fue trágico y no sabía que hacer, yo le estaba contando todo a mi familia por el teléfono"

En Costa Rica, su papá se puso en contacto con la Cancillería y trató de abogar por su hija ante la embajada nicaragüense en Costa Rica, según dijo, sin obtener resultados positivos.

"Como yo forcejeaba con ellos, tengo moretes en mis brazos; tengo moretes en mis brazos porque uno de ellos trató de quitarme el teléfono y mi maletín, y fue insoportable, no tengo cómo contarle lo que viví", afirmó.

Luego, la obligaron a desnudarse de nuevo y a orinar para "comprobar" que no traía drogas en su cuerpo.

"Pero yo no podía orinar. Entonces ellos estaban viéndome. Yo les dije que el examen tenían que hacérmelo policías mujeres, pero me contestaron que ahí la ley era diferente".

Luego la trasladaron al hospital, irónicamente, al mismo en el que está internada su abuela. La llevaron a una sala de radiología, volvieron a desnudarla y la acostaron en una mesa para hacer placas.

"Había mucha gente encima mío, duraron mucho, cuando yo sé que es una placa de dos segundos, fue terrible la experiencia".

Mientras tanto, su madre, que estaba en Rivas, corrió a buscar un abogado que a su vez, empezó a contactar a los oficiales de policía que la habían retenido.

No tenía nada. "El doctor de turno llegó y preguntó que qué hacía yo ahí. Revisó las placas y dijo que no tenía nada. Ahí fue cuando me desahogué, al fin lloré porque había un alivio de toda la tortura que estaba pasando. Del hospital salimos a la delegación donde hicieron un papel que indicaba que no tenía nada".

Para ese momento, el abogado había llegado a un acuerdo para dejarla salir.

Álvarez recuerda que el jefe policial que la había retenido en la delegación de Rivas hablaba por teléfono a los gritos con el abogado y que todo se escuchaba. Estaban discutiendo el precio por soltarla. El policía pedía $500 pero el abogado decía que era mucho dinero. Al final la soltaron por $200.

"Somos un país hermano, y en mi caso lo digo porque tengo familia nicaragüense que no se comportan como lo hicieron conmigo esos oficiales, pero desgraciadamente tengo que decir esto: Jamás vuelvo a poner un pie en Nicaragua. Le pido a Dios que mi abuela siga bien, pero yo a ese país no quiero volver", dijo.

Para cuando la soltaron, la Dirección consular de la Cancillería de Costa Rica había iniciado el protocolo de atención para Álvarez. Sin embargo, al estar libre, la ayuda consular se limitó a levantar un informe que está en manos de los funcionarios de la Casa Amarilla.

El jefe del departamento consular Gustavo Campos, dijo que se le dará seguimiento al caso, y recordó a todos los viajeros costarricenses sobre los cuidados que se deben tener a la hora de estar frente a autoridades extranjeras.

Por su parte, el director de comunicación del Club Sport Herediano, Jorge Díaz, afirmó que se siente ofendidos "porque no solo se afecta la dignidad de una persona en particular sino de un ser humano, más allá de la nacionalidad, y agregó que acompañan a la jugadora Álvarez en futuros".