Por: Álvaro Murillo 30 marzo, 2015
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Cumple cinco semanas como embajador ante el Gobierno de Cuba, un país en momentos de cambios. Es el tercer embajador desde que se establecieron relaciones diplomáticas, en el 2009. Es su cuarto destino como embajador profesional, recién llegado de Israel.

Rodrigo Carreras contestó ayer por teléfono su primera entrevista desde que representa a Costa Rica ante el gobierno de Raúl Castro. Contestó en su oficina, donde colgó un cuadro de Don Pepe Figueres. “El presidente Luis Guillermo Solís nos prohibió poner fotos suyas, pero no de los amigos”, explicó con gracia antes de insistir en que representar al Estado ante otro gobierno no evita “tener un corazoncito (liberacionista)”. Le impresiona puerto Mariel y el grado de apertura comercial en la Isla.

¿Qué significa llegar en estos momentos a Cuba?

Es de la mayor trascendencia personal. Yo tuve el honor de representar a Costa Rica, junto con otros compañeros, en la primera misión gubernamental en Cuba, en los últimos días del gobierno de Daniel Oduber. Don Gonzalo Facio (canciller en ese momento, 1978) tenía la intención de abrir relaciones diplomáticas con Cuba, pero Liberación acaba de perder las elecciones y prefirió no forzar la mano al gobierno entrante de Rodrigo Carazo. Entonces no viajó él, pero nos mandó a un grupo. Además la familia Carreras es de origen cubano y hay una serie de razones emotivas...

Y en este momento en Cuba.

Sí, a eso agregamos el momento, pero no por la apertura de posibilidades entre Estados Unidos y Cuba, que es un asunto de ellos, sino porque Cuba está en momento de gran apertura comercial. Hay un gran avance en el comercio exterior; Cuba abre muchas opciones para Costa Rica.

Mucho se habla del impacto que el puerto Mariel va a tener.

Ahí Cuba tiene un proyecto tremendo para un complejo portuario de altísimo nivel; es impresionante. Puede convertir La Habana en un hub de América con conexiones a Estados Unidos y los grandes puertos del Caribe. Y entre los puertos que tienen más contemplados está el de Limón, porque estratégicamente tiene un potencial tremendo si logramos modernizarlo. Además, Cuba ha hecho tratados de comercio, de protección de inversiones, de estímulo de inversiones y una serie de convenios con muchos países. México, Panamá, Brasil...

Acá en Costa Rica muchos han dicho, para defender la concesión del puerto de Limón a APM Terminals, que hasta Cuba entregó en concesión Mariel.

Cuba está muy abierto a la inversión extranjera con empresas brasileñas, españolas y el mundo financiero internacional.

¿Qué interesa a Costa Rica de Cuba en esta etapa histórica?

Mire, yo no sé cuándo, pero tarde o temprano se dará la apertura entre Estados Unidos y Cuba. Ya se puede ver entre muchos turistas grupos de avanzadas comerciales o a veces de estados agrícolas de Estados Unidos. Así como ellos quieren unirse a las importaciones que hacen falta a Cuba para su seguridad alimentaria, Costa Rica debe estar ahí.

¿Perciben allá a Costa Rica como un país más cercano a la línea de Estados Unidos?

Mire, los cubanos no olvidan la fuerte relación histórica, desde José María Zamora, que fue el primer abogado costarricense que vino acá antes de 1821 y acabó siendo una alta autoridad judicial. Don Tomás Acosta, el gobernador que introdujo el café a Costa Rica era cubano. Después viene la figura de Antonio Maceo (general independentista que se radicó en Costa Rica). Eso creó vínculos que los cubanos no olvidan, como no olvidan tampoco la relación de don Pepe Figueres y Fidel Castro cuando este estaba en la Sierra Maestra, y muchos otros contactos no formales.

Le han recordado que Don Pepe envió armas para la Revolución cubana (1958).

Sí. Una vez cuando fui vicecanciller, don Pepe me pidió representarlo en una reunión en Cartagena. Me tocó a la par de Fidel Castro y él me dijo que si esas armas no hubieran llegado a la Sierra, la historia habría sido muy diferente. Siendo niño fui testigo de la preparación de esas armas que mandaba don Pepe a Cuba.

¿No le han mencionado nada sobre la línea política de Costa Rica, distante de Cuba en las últimas décadas?

No me lo han mencionado. Ellos saben y entienden muy bien que la relación bilateral es de respeto. Ellos saben que nada ha sido un obstáculo para mantener otras vías de cooperación. Más recientemente, señalan la admiración por la manera como el presidente Luis Guillermo Solís y el ministro Manuel González manejaron la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

¿Cómo es ser embajador de Costa Rica en un país donde la democracia y los derechos humanos funcionan tan diferente?

Mire, yo soy un diplomático de carrera y me han tocado destinos interesantes, por decir lo menos. Desde Brasil, estuve en la última administración militar del general Figueiredo. Aprendí por mi papá (el sacerdote Benjamín Núñez) y mi padrino (el expresidente Luis Alberto Monge) a manejar esos temas como son las cosas en política internacional. Lo importante es observar, pero el diplomático no es un activista.

¿No le resulta incómodo?

La democracia y los derechos humanos son los pilares de nuestra política exterior en las últimas seis décadas, pero así es el mundo. Esos elementos ni siquiera están en la Carta de las Naciones Unidas, que es como la constitución mundial. La política internacional exige paciencia.

Un significado distinto tiene la palabra ‘paciencia’ en Cuba.

Mire, yo he estado antes en Cuba y cada época es distinta. Nosotros damos los informes a la Cancillería y todas las evaluaciones le corresponden al señor canciller, Manuel González.

¿Se ha reunido o se reunirá con la disidencia cubana?

No tengo por qué. Conozco a algunos de ellos, pero soy representante del Gobierno de Costa Rica ante el Gobierno de Cuba.

Usted ha sido vicecanciller y embajador en Nicaragua, Israel. ¿Por qué le piden ir a Cuba?

Mire, hay una poesía de Lord Tennyson que dice que no es asunto nuestro preguntarnos el por qué; es nuestro asunto simplemente hacer y morir. Creo que se aplica al mundo diplomático. Ahora tengo el compromiso de trabajar aquí por los intereses de desarrollo de Costa Rica.

¿Perciben al gobierno de Luis Guillermo Solís como amigo?

Perciben a Costa Rica como un país amigo. Cuando me acredité con el vicepresidente y el canciller, me compartieron la ilusión que tienen de una eventual visita anunciada de don Luis Guillermo. Es un compromiso adquirido, pero no tiene fecha aún.

¿Algo le ha sorprendido en Cuba? ¿Algo fuera de planes?

Bueno, sí. No veo una carencia de bienes de consumo como me lo pintaron o como yo lo recordaba. Creo que el asunto ha mejorado mucho precisamente por la apertura comercial y la apertura a la empresa privada. El nivel de vida de los cubanos ha mejorado, quizás no tanto como ellos quisieran, pero sí hay más acceso a las cosas. Tiene problemas de costo de la vida, como todo país, y otros asuntos que no no me corresponden a mí señalar.