Por: Esteban Mata Blanco 10 octubre, 2013
En la imagen periodistas esperan en las afueras de la casa del candidato presidencial, Rodolfo Hernández, para que aclare el rumor nuevamente de una supuesta renuncia.
En la imagen periodistas esperan en las afueras de la casa del candidato presidencial, Rodolfo Hernández, para que aclare el rumor nuevamente de una supuesta renuncia.

La puerta blanca detrás del portón blanco de la casa blanca con verjas blancas con la chapa dorada del número 29 de la calle Harvard, en Montes de Oca, estaba tan cerrada como quiso el doctor Rodolfo Hernández.

Nadie entraba ni salía sin que él lo supiera. Pero esto no lo sabían los periodistas que esperaban tostados por el sol a media mañana ayer, cuando se negaban a irse de allí, esperando que el doctor los atendiera.

Ninguno estaba enfermo, al menos no de internamiento. Camarógrafos, asistentes y periodistas esperaban una respuesta del doctor, quien se había metido, no solo a político, sino a candidato presidencial del segundo partido más añejo del país: el Partido Unidad Social Cristiana.

El problema es que Hernández padecía de una desconfianza severa hacia los medios, y a pesar de que en solo una semana había hecho cosas jamás vistas en la política criolla de este país tropical, se negaba a explicar sus motivos.

Poco después de las 9 de la mañana, un carro todo terreno se paró frente a la casa. De él se bajó la esposa y candidata a primera dama de la República Marcelle de Mezerville.

Pero su gesto no tenía ya la euforia que había presentado junto al doctor el 15 de marzo, cuando al ritmo de mariachis anunció su intención de “curar a Costa Rica”.

Su sonrisa la escondía bajo un gesto duro y su mirada estaba congelada detrás de un par de anteojos oscuros, impenetrables.

Venía de no se sabe dónde y alegó que el doctor no estaba para atender a la prensa. Que ella debía operarse los ojos porque casi no ve y además debían atender a su hija que dio a luz días atrás.

Luego entró a la casa y se perdió tras el silencio de la puerta blanca. Al poco rato salió y exigió respeto. La puerta se cerró para abrirse solo un par de veces para dejar entrar a colaboradores y familiares tan callados como las verjas blancas.

De ahí en adelante el tiempo se hizo largo. Hasta que una serie de personajes empezaron a desfilar frente a la casa blanca de verjas... bueno, ya saben.

Del portón de la casa del frente a la del doctor salió el candidato a presidente por el partido Avance Nacional, José Manuel Echandi. Él, que había sido defensor de los Habitantes entre el 2001 y el 2005, defendió la idea de que los partidarios desilusionados del doctor se fueran para su partido.

Poco después, un hombre borracho, vestido con una camiseta blanca atravesada por una franja azul y rojo y que decía ‘Dr. 2014-2018’, se plantó frente a la casa y lloró y maldijo, para luego marcharse gritando “Viva Óscar Arias”.

Solo unos minutos después, Hernández salió por la puerta blanca y aclaró que no quería ser presidente de este país, al menos por ahora, y sin atender preguntas, se fue.