Por: Álvaro Murillo 25 noviembre, 2014

Luis Guillermo fue llamado por el maestro de ceremonias como el mejor estudiante del Curso Técnico Básico 64. Ya frente a su tocayo y “comandante en jefe”, lo saludó en forma.

El presidente Luis Guillermo Solís le respondió con una flexión de cuello y así, ayer este ramonense quedó oficialmente incorporado al Ministerio de Seguridad Pública, incluso con posibilidades de integrar desde ya la respuesta gubernamental a la ola de violencia que afecta al cantón de Desamparados.

“Estoy listo para servir donde necesiten”, expresó Luis Guillermo Araya Retana, el policía de 25 años que siempre soñó con este día, cuando, junto a otros 400 oficiales, dijeron “sí juro” para sumarse a una fuerza policial de unos 14.000 agentes.

Desde pequeño quiso ser policía, aseguró este exvendedor de cerámica en el centro de San Ramón, donde ahora vive seis días sí y seis días no, dado el rol en su nueva ocupación.

“Mi papá era policía en otra época, era de los liberacionistas que pegaban banderas”, contó Araya, quien tiene un hijo y considera “bueno, pero no excelente” el salario básico que reciben los policías, que no llega a los ¢400.000 mensuales.

A su lado, un compañero lo refuta: “una cochinada”, subraya, al recordar el alto riesgo al que se exponen, retomando palabras que minutos antes habían mencionado tanto el mandatario, como el ministro de Seguridad, Celso Gamboa.

En sus discursos, Solís y Gamboa reconocieron el peligro que rodea a los policías y de ahí a su vez la urgencia de dotarlos de los recursos necesarios, algo que implica un presupuesto sin recortes. Era este un mensaje dirigido a la Asamblea Legislativa, que ayer debatía sobre el financiamiento gubernamental para el 2015.

El policía Luis Guillermo, sin embargo, era ajeno a ese mensaje político. Estaba contento de haber culminado la capacitación de 15 meses, de haber obtenido la mejor nota y de haber saludado al “comandante en jefe”. Ahora va tras otra meta: “quiero ser parte de la Policía de Fronteras”, contó.