Hay sacos con azúcar descompuesta y casi 10.000 litros de combustible

Por: Álvaro Murillo 28 febrero, 2013

Para las autoridades migratorias, el barco venezolano encallado en Limón aún aloja al último de sus tripulantes, que vende el cargamento de azúcar mientras de su país le envían la orden de reparar la nave o la de volver en avión.

Para Japdeva, sin embargo, el barco está completamente abandonado, sin motores ni ancla, mientras avanzan los trámites formales para poder disponer de él y hundirlo en un lugar donde no se afecte la vida marina.

Y mientras la burocracia permite extraer de la nave casi 10.000 litros de combustible, las instituciones policiales se mantienen atentas, sin que hasta ahora hayan revisado la embarcación de manera rigurosa para descartar la sospecha de existencia de drogas.

La Junta de Administración Portuaria y Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva) pidió a la Policía hacer la inspección, pero el ministro de Seguridad, Mario Zamora, dijo que no existen indicios de drogas.

“Sabemos que el barco se registró hace cinco meses con el puerto (en setiembre). No sería algo típico del narcotráfico”, dijo Zamora, quien, en principio, señaló que los siete tripulantes se encontraban aún en Costa Rica. En esos cinco meses el barco estuvo en bahía sin que se solicitaran en ningún momento los servicios portuarios.

El presidente de Japdeva, Allan Hidalgo, pidió a la Policía antidrogas revisar la nave e informó de que eso podría ocurrir hoy jueves.

Así, entre consultas de una autoridad a otra, y versiones distintas, transcurre el tiempo mientras la nave Antillas I, o lo que queda de ella, yace en la playa, frente al aeropuerto limonense.

El jefe de Guardacostas limonense, Martín Arias, dijo que de momento solo hacen una vigilancia rutinaria de la embarcación.

El problema mayor, según Mario Zamora, es de carácter ambiental, por el peligro de que se derramen las reservas de combustible o de aceite.

Por ese motivo, Allan Hidalgo dijo esperar respuesta pronta de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope), para retirar el material y entonces poner a funcionar los remolcadores de Japdeva para depositar la nave en un lugar que debe recomendar el Ministerio de Ambiente.

Para ello, no obstante, la Cancillería debe tramitar con Venezuela la declaratoria oficial de abandono del barco, de acuerdo con lo dicho por el jerarca Hidalgo. Todo un nudo institucional.

Sin embargo, esto no se cumpliría si el último tripulante se propone rearmar el barco destartalado, una opción que mencionó como posible el encargo de Migración local, Juan Luis Céspedes.

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