Informe Estado de la Nación presentó su edición del 2017 este martes

Por: Gerardo Ruiz R. 14 noviembre

A diferencia de lo que ocurría en las elecciones de los 80 y 90, ya no son los jóvenes con cédula recién emitida, y ni siquiera los menores de 30 años, los que llevan el peso de los comicios.

Ahora son los adultos entre 30 y 59 años los más determinantes. Ellos podrán inclinar la balanza para escoger al próximo presidente de la República y a los 57 diputados del Congreso, el 4 de febrero del 2018.

Mientras que en 1986 el votante promedio tenía 37 años, hoy tiene 42. Así lo advirtió el informe del Estado de La Nación que, este martes, presentó su informe correspondiente al año 2017.

Según la investigación auspiciada por el Consejo Nacional de Rectores (Conare), el viraje en la distribución etárea de los votantes se debe al proceso de envejecimiento de la sociedad costarricense.

En 1986, el padrón electoral estaba dominado por el grupo que tenía entre 18 y 34 años, mientras que en las últimas elecciones nacional, en el 2014, el grupo entre 44 y 54 años le disputó la hegemonía a los jóvenes, no solo en cantidad, sino, además, en niveles de participación en los procesos electorales.

Según el padrón electoral que se utilizará en el 2018, las personas entre 30 y 59 años representarán el 54% del total de votantes, mientras que los que tienen entre 18 y 29, el 28%. En números, se trata de casi 1,8 millones de personas frente a 930.000.

Además, al cruzar la cantidad de personas con el nivel de participación en las elecciones del 2014, el peso que llevarían las personas entre 30 y 59 años es aún mayor porque ellos son menos abstencionistas que los jóvenes.

Entre los menores de 29 años, el abstencionismo fue de casi un 35%, mientras que entre las personas entre 60 y 69 años, de un 28%.

Al cruzar padrón con nivel de participación, este medio encontró que las adultos en edad mediana (de 30 a 59 años) pasan a representar un 54% a un 55% del posible caudal electoral y los jóvenes bajan de un 28% a un 26,9%. No obstante, se hace la salvedad de que el porcentaje de participación no es previsible.

En 1986, los votantes entre 18 y 29 años representaban el 41% del padrón; en el 2014 la cifra bajó a un 30% y, en el 2018, a un 28%.

Las variaciones en la conformación del padrón están lejos de detenerse según el Estado de la Nación, que vaticinó que, gradualmente, los votantes de mayor edad desplazarán a los grupos poblacionales más jóvenes. Esto traerá como consecuencia un cambio en la participación electoral y en el debate político.

A su vez, concluye la investigación, los cambios en la composición del padrón provocarán mutaciones en la identidad partidaria de la ciudadanía y en su participación electoral.

Mientras los votantes que hoy tienen 50 años o más fueron socializados por personas que vivieron los conflictos sociopolíticos de los años 40 y heredaron una identidad partidaria y un alto activismo político, los menores de 50 años tienen como característica el desarraigo con los partidos políticos y vínculos casi inexistentes con estas organizaciones de representación ciudadana.

Pero el informe también plantea una paradoja. Si bien los costarricenses son muy críticos con los partidos, no caen todavía en el extremo de afirmar que la situación del país estaría mejor si las divisas políticas desaparecieran.

"Por el contrario, los datos disponibles muestran que el 89% de la población está en desacuerdo con esa idea. Además, el 86% opina que si los partidos desaparecieran no habría democracia, o esta funcionaría peor", detalla el texto.

Y, todavía más contrario a la lógica de condena a los partidos, un 33% de los costarricenses contestó que sí aceptaría un puesto en una papeleta si un partido se los ofreciera, según el Estado de la Nación, basándose en datos del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP), de la Universidad de Costa Rica (UCR),

Participación electoral en declive

Para la actual edición del informe del Estado de la Nación, los investigadores también analizaron un segundo efecto en el cambio demográfico en el padrón electoral: la asistencia a las urnas.

La conclusión a la que llegan es que, como consecuencia directa del debilitamiento de las identidades partidarias, particularmente entre los jóvenes, se dará una caída en la participación en las elecciones presidenciales.

"Al debilitarse las identidades partidarias, los votantes de mayor edad acuden menos a las urnas que en el pasado. A su vez, los jóvenes al integrarse al electorado, encuentran un ambiente de escasa participación y poca motivación para votar. La combinación de estas circunstancias empuja la participación electoral a la baja en el largo plazo y, de no haber hechos o actores que modifiquen esos patrones, ese curso de evolución se mantendrá", destaca el informe.