A la casona de estilo victoriano se le volvieron a colocar los ornamentos metálicos que adornaron los techos y la baranda de madera del corredor

 11 enero
Las instalaciones, donde funciona la escuela Carlos Luis Valverde Vega, lucen nuevamente las barandas de madera y los detalles de metal en el techo, propios de las estructuras victorianas.
Las instalaciones, donde funciona la escuela Carlos Luis Valverde Vega, lucen nuevamente las barandas de madera y los detalles de metal en el techo, propios de las estructuras victorianas.

Los alumnos y vecinos de la escuela Dr. Carlos Luis Valverde Vega, en San Isidro de El Guarco, Cartago, recuperaron parte de su historia, debido al remozamiento de la antigua fachada de este centro educativo, que funciona en una casona de estilo victoriano construida entre 1934 y 1935.

Gracias a la restauración, el edificio recobró su antiguo aspecto. Ahora volvió a lucir la crestería metálica en los techos, así como la baranda de madera del corredor, ambos rasgos característicos de ese tipo de arquitectura, surgida a mediados del siglo XIX en Europa.

Se entiende como crestería a una serie de ornamentos colocados, en línea continua, en fachadas, tejados y distintas obras arquitectónicas.

Además de la demolición y reconstrucción de la fachada de la edificación, se restauraron las dos aulas más antiguas, se construyeron rampas de acceso para personas con discapacidad y se sustituyeron los sistemas electromecánico y pluvial.

Las obras, ejecutadas en el 2016, representan la segunda parte de un proceso de remozamiento del inmueble que se inició en el 2015. Ese año se restauró el salón de actos.

Tras varias intervenciones efectuadas para ampliar las instalaciones de la escuela, la entrada principal del centro educativo, que era la fachada de la casona, se cerró, con lo que se restó vistosidad a la arquitectura de la histórica obra.

La casona de madera tiene un pasillo interno que la comunica con los aposentos de concreto construidos después de varias ampliaciones.
La casona de madera tiene un pasillo interno que la comunica con los aposentos de concreto construidos después de varias ampliaciones.

"Este proyecto reviste gran importancia, debido a que se logró una restauración de calidad que permitirá al edificio mantenerse, además de rescatar su diseño original. Con el paso del tiempo, este diseño fue sujeto de transformaciones que desvalorizaron su integridad patrimonial", comentó en un comunicado Adrián Vindas, arquitecto del Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultural, instancia ejecutora y supervisora del remozamiento.

Se trata de un proyecto propuesto y dirigido por la arquitecta independiente Etzia Mejía y financiado por el Ministerio de Educación Pública (MEP).

Gema victoriana

La casa es de una planta, construida en madera de cedro amargo. Sus paredes externas están cubiertas por láminas de metal que imitan el ladrillo, y el techo es a cuatro aguas y de diseño geométrico.

Las paredes internas son de madera, y los cielorrasos de tablilla biselada. El piso de las aulas también es de madera. Con las recientes reparaciones, en el corredor se colocó mosaico en tonos amarillo y rojo.

El Centro de Patrimonio lo describe como un inmueble representativo del tipo de estructuras que albergaron las escuelas rurales costarricenses entre las décadas de 1930 y 1940.

Fue declarado patrimonio histórico-arquitectónico nacional en enero del 2000 porque representa un símbolo de identidad para la comunidad de San Isidro de El Guarco, debido a las actividades sociales y educativas que han tenido lugar allí.

Tal declaratoria fue posible gracias a una solicitud de la junta de educación y el personal del centro educativo, que se plantearon como propósito asegurar la conservación del edificio.

Histórica estructura

Según data en el expediente del Centro de Patrimonio, en 1926 un hombre llamado Augusto Coto Aguilar compró el terreno con una casa en ¢125 y lo donó a la junta de educación de San Isidro, para que sirviera como escuela.

El edificio fue construido entre 1934 y 1935.
El edificio fue construido entre 1934 y 1935.

Dado que las instalaciones de aquella vivienda no eran apropiadas para albergar niños, la idea era usarlas por un tiempo, mientras, a punta de turnos, rifas y donaciones, lograban construir un lugar digno del pueblo, conocido en aquel entonces como "Cucaracha".

Según esta investigación del Centro, las fuerzas vecinales lograron su cometido y, entre 1934 y 1935, levantaron la edificación, provista de dos aulas. Más tarde, en 1939, la demanda de escolares obligó a ampliarla y se agregaron dos aulas más.