Templo se levantó con técnicas de adobe y bajareque, ahora en desuso

Por: Andrea Solano B. 24 marzo, 2015

“Llegué a casa de mis abuelos pocos días antes del 8 de diciembre, día de la patrona del barrio, la Virgen de la Concepción.

”Los Ramírez y todos los vecinos se preparaban para celebrar dignamente las Fiestas Cívicas de El Llano, muy famosas en aquellos tiempos y muy concurridas”.

Así describía el niño Marcos Ramírez –personaje central de la novela homónima del escritor costarricense Carlos Luis Fallas (Calufa)– las pintorescas celebraciones que tenían como espectador y protagonista un edificio de agraciada sencillez: la ermita de El Llano (Concepción).

Esta pequeña iglesia se construyó a finales del siglo XIX, gracias al empeño e ingenio de los vecinos “llaneros”, quienes organizaron turnos, ferias y todo tipo de actividades para juntar plata y levantar su templo comunal.

Sin mayores pretensiones arquitectónicas, la ermita se edificó a partir de dos sistemas constructivos muy populares en la época colonial que hoy están en desuso: el adobe y el bajareque.

La fachada es de ladrillo repellado y el techo, de tejas de barro.

Si bien no existe consenso entre las fuentes históricas sobre la fecha exacta de su construcción, un estudio del Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura la sitúa entre 1880 y 1890, posiblemente en el año 1883.

Después de más de un siglo de acompañar a vecinos de El Llano en sus celebraciones religiosas y sus fiestas populares, la ermita sufrió los embates del paso del tiempo, los sismos, la falta de mantenimiento y el vandalismo.

Fue así como para finales del siglo XX y principios del XXI, la entrañable ermita estaba destinada a la desaparición.

El terremoto de Alajuela de 1990 azotó la frágil estructura y, con el paso de los años, el templo fue abandonado a su suerte.

Por ello, un grupo de “llaneros” se organizó con la meta de salvar su vecina más antigua.

“Así como aquellos señores y señoras que eran campesinos, albañiles, boyeros, zapateros, costureras o amas de casa, trabajaron duro para poder contar con un rinconcito de paz y oración, nosotros nos organizamos para rescatar este templo que es símbolo para nuestra comunidad”, explicó José Manuel Morera Cabezas, tesorero de la Junta Administrativa Ermita El Llano.

Ellos se pusieron en contacto con el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura y fue así como luego se consolidó la restauración de la ermita.

“Este edificio estuvo cerrado y abandonado por 30 años. Se había convertido en un refugio de adictos y alcohólicos. Estaba sucio y deteriorado. El vandalismo le hizo mucho daño, pues varias paredes estaban llenas de huecos, cuando intentaban saquearla”, detalló Morera.

Según precisó el arquitecto Óscar Salas, del Centro de Patrimonio, esa entidad destinó ¢45 millones a la restauración.

“Se invirtió en la consolidación y restauración de las paredes de adobe y bajareque, instalación de un nuevo sistema eléctrico, reemplazo de las columnas de madera internas, restauración de marcos de puertas y ventanas y pintura general”, detalló Salas.

El arquitecto agregó que las tejas del techo fueron removidas una a una. Se desecharon las que estaban más deterioradas y las demás se limpiaron, se restauraron y se volvieron a colocar, pero sobre un soporte de cinc.

Los vecinos de El Llano de Alajuela se alistan para darle la bienvenida a la ermita remozada el Jueves Santo (2 de abril) con la tradicional celebración del huerto, en la que los lugareños traen frutas, verduras y granos en ofrenda a la Virgen y luego se venden los productos.

Debido a que todos los servicios litúrgicos se celebran en el nuevo templo, los vecinos planean utilizar la ermita restaurada con fines culturales o como una capilla de velación.