Por: Fernando Chaves Espinach 23 mayo, 2014
Pablo Montiel
Pablo Montiel

Para Fresia Camacho , la cultura tiene un particular poder de transformación que solo puede ser activado en conjunto. La socióloga es la nueva cabeza de la Dirección General de Cultura (DGC), ente del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) encargado de su gestión regional y social.

Con amplia experiencia en proyectos de comunicación participativa, como Voces Nuestras , Camacho se involucró con el movimiento de Cultura Viva Comunitaria y se convirtió en asesora del tema para el MCJ en la administración anterior. Estuvo al frente del Congreso Iberoamericano de Cultura, centrado en el tema, que se celebró en abril en Costa Rica.

“Hay que buscar modelos mucho más democráticos de gestión de los espacios de cultura”, considera Camacho. Para la funcionaria, la cultura debe ser concebida como un motor de desarrollo.

Aunque la dependencia debe impulsar la cultura en todo el país, en sus oficinas regionales cuenta con escaso personal –en varios casos, una sola persona está a cargo de toda una región–.

¿Cuáles son sus prioridades al frente de la DGC?

La primera es establecer un plan de “puntos de cultura”. Ese fue un compromiso que asumió Luis Guillermo Solís cuando se hizo un foro de los candidatos con Cultura Viva Comunitaria (CVC) y se firmó una carta de compromisos.

”No es un fomento para las artes, sino que está basado en establecer alianzas con las organizaciones de la sociedad civil y los grupos que hacen animación y gestión cultural. Debemos identificar quiénes son los protagonistas en animación y gestión cultural, apoyarlos, respetar su autonomía y empoderarlos. Se requieren acciones de fortalecimiento de sus capacidades y formación y sus redes.

”Otra prioridad es establecer un modelo de gestión participativa a nivel local y nacional. Eso nos va a tomar un poco más de tiempo y es en aras de la descentralización.

”El tercer compromiso es redimensionar la Dirección de Cultura. Hay 30 funcionarios; la mitad trabaja aquí en la oficina central y el resto en las regiones. La descentralización de la gestión de la cultura es clave, y eso significa revisar lo que se ha venido haciendo para fortalecer la Dirección y revisar cuál es el rol en el activamiento de tejidos culturales a nivel nacional.

”Ninguna instancia estatal puede tener presencia en todo el país si no es a partir de alianzas y trabajo con municipalidades, organizaciones e incluso el sector privado”.

¿En qué consiste ese ‘modelo de gestión participativa’?

Una cosa es planear hacia adentro del MCJ para llevar la cultura a las comunidades como si fuera un servicio, y otra cosa es sentarse con representantes de las regiones, comunidades y redes y pensar juntos la gestión cultural.

”Teníamos, desde la administración pasada, un núcleo intersectorial”, en convenio con varias organizaciones. En julio, vamos a hacer una convocatoria a las redes que están en la plataforma de Cultura Viva Comunitaria y a otras organizaciones para pensar juntos este modelo.

”No es lo mismo pensar que tenemos un funcionario en cada región que pensar que ahí hay redes, organizaciones y un tejido que tiene absoluta competencia sobre sus regiones, para poder establecer juntos planes y prioridades”.

¿La Dirección tiene suficiente presupuesto para acometer estos proyectos?

No. Ese es uno de los desafíos. Para el 2015 estamos pidiendo plazas y más presupuesto. Actualmente, es de ¢1.000 millones, un 3% del presupuesto de Cultura. Tiene que tender a crecer.

”Estamos planeando tener una plaza más por cada región, para tener al menos dos personas. Hay que dotar a los equipos de trabajo; en la mayoría de regiones no han tenido ni siquiera una oficina o no han tenido carro. Es casi imposible trabajar así”.

Considerando su experiencia en comunidades, ¿cree factible que varias municipalidades se involucren en este modelo de gestión?

Es difícil, porque hay que cambiar un paradigma. Se pensaba que las municipalidades estaban centradas en asuntos como la basura, calles y seguridad; hay que entender las municipalidades como un motor de desarrollo local.

”Eso significa una estrategia que tenga muchos componentes: de sensibilización, de formación y en lo legal, porque habrá que hacer cambios en el Código Municipal o reglamentos para que haya mayor responsabilidad en la gestión cultural. Cuando ya el MCJ tenga con quién trabajar de la mano, las cosas empezarán a moverse diferente”.

¿Qué políticas impulsará en cuanto a fomento?

Estaríamos creando el Fondo de Puntos de Cultura, que en este semestre estaríamos planeando para lanzarlo el próximo año. En cuanto a becas-taller (programa de estímulo económico para proyectos de investigación y producción cultural), estamos planeando un nuevo reglamento que nos permitiría orientarlas al patrimonio intangible en las comunidades, porque es parte de las áreas que están muy desatendidas.

”Las becas-taller tienen la virtud de que por ellas pueden concursar personas; en muchas comunidades, por ejemplo las indígenas, nos da la oportunidad de profundizar en el territorio, en un nivel que Proartes o Puntos de Cultura no. En particular, hay que ponerles especial atención y cariño a las comunidades indígenas, porque el país las ha tenido muy descuidadas en cuanto al tema cultural.

¿Se ha pensado en una alianza con otros ministerios?Ya se empezó el año pasado de manera muy puntual. Es casi imposible gestionar culturas sin revisar vínculos con otros ministerios. El año pasado se estuvo trabajando en Tilarán y Bagaces con mesas de trabajo conjunto, con Salud, Educación y Ambiente para gestionar el desarrollo de manera conjunta, sin crear nuevas instancias, para no burocratizar.