En Paraíso de Cartago, dos amigos elaboran las armaduras romanas con que centenares de fieles desfilan por las calles durante las procesiones.

Por: Danny Brenes 29 marzo, 2015

Clac clac clac. El sonido que producen los golpes del martillo sobre la superficie metálica rebota entre las paredes del diminuto taller. Clac clac clac. No son clavos que fijan piel y carne sobre una cruz, sino mazazos que dan forma a una fe inquebrantable. Clac clac clac. Golpe tras golpe, martillazo a martillazo, se moldea todos los días el credo de Geovanny Brenes y Bernardo Fonseca, cabezas, manos y espíritu de Creaciones Romanas.

Un taller, una microempresa y un faro que arroja luz sobre el valor histórico de las procesiones católicas. Una fábrica, un estudio de diseño, un sitio que es testamento de fe religiosa como génesis de un proyecto artesanal. Creaciones Romanas es la cuna donde nacen las armaduras de muchos soldados romanos que, durante Semana Santa, se adueñan de las calles del país, al compás de un redoble y ante la mirada atenta, solemne, de los fieles que acuden a celebrar su fe.

“Hemos hecho trabajos para gente de Turrialba, de Pérez Zeledón, de Tilarán, de Heredia. También de Guadalupe de Cartago, de Taras. Nos han contactado de todas partes, en realidad”, cuenta Brenes, uno de los co-fundadores de Creaciones Romanas.

El tiempo ha sido bueno con él y con Fonseca, su socio. En tres años desde su fundación, el taller ha trabajado a manos llenas. Cuenta la sabiduría del pueblo que aquellas que dan, nunca pasan vacías. Las de Creaciones Romanas son prueba de ello.

Geovanny Brenes ha desfilado en procesiones desde los 7 años. Desde el 2012, junto a Bernardo Fonseca, dedica sus fines de semana a Creaciones Romanas. Foto: Jorge Navarro.
Geovanny Brenes ha desfilado en procesiones desde los 7 años. Desde el 2012, junto a Bernardo Fonseca, dedica sus fines de semana a Creaciones Romanas. Foto: Jorge Navarro.

Pesebre de ilusiones

Los sueños más grandes casi siempre comienzan por caprichos chicos. En el 2011, cuando se celebraban los 50 años de la Hermandad de Jesús Nazareno de Paraíso de Cartago –nombre formal bajo el que se agrupan los devotos que marchan vestidos de soldados romanos durante las procesiones en esa localidad–, Brenes y Fonseca fueron invitados a cargar el estandarte de los redoblantes.

No era poca cosa. Al cantón cartaginés llegó una docena de hermandades a marchar, en honor a la tropa paraiseña: más de dos mil hombres recorriendo las calles y solo un par tendría la oportunidad de cargar el estandarte. No era un tema que pudiera tratarse a la ligera.

“Buscamos quién nos podía hacer un traje bonito, que nos dejara satisfechos”, recuerda Geovanny. Ninguna de las opciones disponibles, sin embargo, estaba a la altura de lo que ellos buscaban, ni de la ocasión: 50 años no los cumple una hermandad todos los días. “En Costa Rica se han hecho productos bonitos, pero que poco tienen que ver con la evidencia histórica de las armaduras que se usaban en la época. Nosotros queríamos un producto más detallado, más realista”.

La ausencia de oferta es la semilla del emprendedor. Los dos amigos decidieron dar ellos mismos el paso al frente y realizar sus propios trajes.

“Buscábamos algo similar a lo que se suele ver en las películas”, dice Brenes. De hecho, su principal fuente de inspiración fue un filme de 1964, La caída del Imperio Romano , del director estadounidense Anthony Mann. “Los trajes que se ven allí son geniales; más para el momento en que se realizaron. Hicimos lo posible por producir una armadura similar”.

La fabricación de cada armadura toma aproximadamente un mes y medio de trabajo.
La fabricación de cada armadura toma aproximadamente un mes y medio de trabajo.

Aquel primer traje es hoy una reliquia, un símbolo de los primeros días, cuando Creaciones Romanas todavía no tenía nombre y a Bernardo Fonseca y Geovanny Brenes ni les pasaba por la cabeza que su trabajo se convertiría en un punto de referencia para muchísimos interesados.

En aquellos momentos, solo se trataba de cumplir un capricho. A Paraíso acudieron más de 2.000 personas a celebrar los 50 años de la Hermandad. Pero solo un par de ellos tenía un traje como aquel.

Modus operandi

Su primer cliente provenía de Juan Viñas y solicitó un casco. Un casco negro, para ser exactos. A punta del boca a boca, la popularidad del trabajo de Fonseca y Brenes se esparció y pronto alcanzó niveles poco predecibles. “Empezamos con aquel casco negro y hasta el momento nunca nos hemos detenido”, asegura Brenes.

No exagera. Desde entonces, Creaciones Romanas ha fabricado unos 50 trajes completos, que incluyen casco, coraza, manillas, hombreras y faldas. Si hablamos de piezas sueltas –cascos, por ejemplo, que son los más populares–, los números se multiplican ad infinitum . Fabricar una vestidura toma alrededor de mes y medio, que significa doce días de trabajo: Creaciones Romanas limita su proceder a los fines de semana. “Para nosotros esto es un hobby ; de lunes a viernes tenemos nuestros empleos formales”.

Además de laborar en una ferretería y ser técnico medio en dibujo arquitectónico durante la semana, Fonseca y Brenes son modistas, peluqueros, historiadores, artesanos, soldadores y pintores. Cada pieza involucra un estudio detallado de la anatomía humana, pues las armaduras son todas hechas a la medida del cliente. “Lo más complicado es fabricar una coraza, por las distintas variaciones de las tallas. Toda la decoración se coloca a mano y va soldada. Es un trabajo artesanal muy delicado”, dice Brenes.

Creaciones Romanas ofrece unos 200 modelos diferentes de trajes.
Creaciones Romanas ofrece unos 200 modelos diferentes de trajes.

Para obtener los mejores resultados posibles, los muchachos se valen de resina póxica y fibra de vidrio; las armaduras se colorean con pintura de poliuretano. “Nos gusta que los productos salgan lo mejor posible; no escatimamos en los materiales”. La alta calidad de los componentes se traduce en el precio de las armaduras. Un traje compuesto solo por peto y espalda ronda los ¢80.000.

Las piezas están adornadas con distintas piezas de orígenes variados. Leones, águilas, caballos: todos ellos responden a un interés histórico de apegarse, tanto como sea posible, a los trajes que se utilizaban en la Antigua Roma, incluso en la iconografía. Sin embargo, la decisión final de cada detalle presente en las armaduras queda en manos del cliente.

“Nosotros realizamos una representación gráfica de una legión romana”, cuenta Brenes. “Podemos hacer recomendaciones sobre qué se puede utilizar y qué no”.

Cuenta Geovanny que, hasta ahora, el caso más peculiar con el que han debido lidiar fue el de un cliente de Croacia que los contactó a través de Facebook y con el que la comunicación solo fue posible con el traductor de Google. Han recibido encargos de España y Guatemala. Alguien más les pidió una armadura de Iron Man. “Un muchacho me pidió un traje de un videojuego. Creo que se llama Diablo ”.

Clac clac clac. Las manos de Geovanny Brenes y Bernardo Fonseca siguen llenas. Con cada mazazo pulen sus creaciones y dan forma a los trajes que, año a año, atizan la fe de centenarares de devotos. Clac clac clac.