Empleados del PANI afirmaron que los adolescentes los ofendían

Por: Daniela Cerdas E. 20 junio, 2015

Un centro del PANI destinado y equipado para la valoración y diagnóstico de menores indigentes y drogadictos fue convertido en bodega y oficinas.

Este “Centro de encuentro”, ubicado al costado norte de la Corte Suprema de Justicia, en San José, fue inaugurado en el 2008 por el entonces presidente Óscar Arias Sánchez.

El inmueble tiene un comedor, anfiteatro, una cancha de baloncesto, un centro de juegos, espacios para dormir hombres y mujeres. Además, hay duchas, una cocina equipada con dos refrigeradoras, más una lavadora y secadora.

Sin embargo, nada se eso se aprovecha tras la decisión de las autoridades del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) de usar ese espacio para oficinas y para almacenar materiales.

Ana Teresa León, presidenta ejecutiva del Patronato, justificó la decisión de cambiar el concepto original del plan al afirmar que el lugar era usado como “un centro de indigentes”.

Sin embargo, Mario Víquez, quien impulsó el proyecto cuando era el presidente ejecutivo del PANI, dijo que la idea era que este centro fuera un lugar donde se sacara a los niños de la calle y de la drogadicción, atrayéndolos con juegos, comida, dormida y atención psicológica.

“Muchos de los menores habían perdido la noción del tiempo; no podíamos meter a un niño así en un albergue, no sabían convivir. La idea era que en lugar de andar en la calle supieran adónde llegar. El centro funcionaba como un lugar de encuentro para hacer una valoración, luego una fase de internamiento y atención más terapéutica”, dijo Víquez.

Gilberto Pereira, secretario general de sindicato de empleados del PANI, solicitó a León rehabilitar esas instalaciones.

“Es una barbaridad que se gastaran ¢75 millones (en el 2007) para construir ese centro y se esté desperdiciando. Le pusieron divisiones para las oficinas, pero la mayoría de cosas están ahí”, afirmó Pereira.

Víquez asegura que con este programa se logró sacar a unos 1.000 menores de la calle y a 150 de la drogadicción.

Búnker. Ana Teresa León explicó que cuando llegó al PANI había un caos en ese centro.

“Se usaba como un centro de indigentes; (los menores) vienen, comen y se van, duermen un rato, abusan de las drogas y se van, vuelven violentos y ofendían a las personas que trabajaban ahí. Tenían eso de búnker. Era una alcahuetería”, afirmó León.

La funcionaria señaló que el problema no era la planta física, sino la estadía desorganizada “de una población violenta”.

Sobre esto, Víquez opinó que prefiere que los menores estén ahí a que los exploten. “No me cabía que un menor tuviera que ser explotado porque no tenía adónde ir ni qué comer”, dijo.

Actualmente, en el “Centro de encuentro” laboran los funcionarios del Departamento de Atención Integral, que canaliza las denuncias, y se usa las 24 horas para Emergencias, permitiendo la permanencia de uno o dos menores. Además, se utiliza como bodega, donde se guardan los materiales de los nuevos proyectos.

“Igualmente, toda esta población se está atendiendo en tres albergues que se destinaron para ellos, donde se les da la atención que requieren”, dijo León.

Según el PANI, en el 2014 fueron atendidos 17 niños, niñas y adolescentes de la calle.

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