Por: Diego Bosque 7 septiembre, 2013

Odilí Villalobos asiste a su mamá, Ernestina Madrigal. | PABLO MONTIEL
Odilí Villalobos asiste a su mamá, Ernestina Madrigal. | PABLO MONTIEL

Es mediodía y el calor golpea con fuerza en Limón.

En el servicio de Emergencias del Hospital Tony Facio, decenas de personas luchan contra las altas temperaturas del Caribe, mientras esperan ser atendidas en un inmueble deteriorado por el paso del tiempo y el abandono.

Una de esas personas es Odilí Villalobos y su madre de 88 años, Ernestina Madrigal.

Odilí, vecina de Siquirres, llegó con su madre al hospital de Limón, el sábado 19 de agosto.

“Mi mamá tiene una infección en los pulmones, está mayor y eso hace que su enfermedad se complique”, explicó Villalobos.

“Los doctores nos han tratado muy bien, pero es un poco incómodo estar aquí (observación)”, agregó la mujer.

En la misma situación de doña Ernestina hay dos mujeres más. No brindamos sus nombres porque no desean que estos aparezcan en medios de comunicación.

Elihonay Arias, encargado del área de Emergencias, reconoció que doña Ernestina estaba aún en observación porque no hay espacio en los salones para ubicarla.

Incluso, agregó, hay asegurados que pasan hasta cinco días en observación antes de obtener un espacio en uno de los salones del centro médico.

De acuerdo con Arias, lo ideal es que un paciente no esté más de 24 horas en urgencias.

“Los mayores problemas los tenemos con los ancianos (...). En 30 años de estar en servicio en este hospital, solo una vez hemos tenido un especialista en geriatría”, se quejó el médico.

En los próximos días, se espera la llegada de un geriatra.

Otra escena común en este sector del Tony Facio es el hacinamiento. Durante una visita hecha el pasado 19 de agosto, La Nación observó pacientes acostados en camillas que prácticamente estaban pegadas unas con otras.

La única vista bonita que tiene el hospital es el mar y el oleaje que revienta a 100 metros de allí.

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