Mediante dos remates, el municipio josefino obtuvo ¢725 millones este año

Por: Juan Fernando Lara 24 noviembre, 2014
Antes de trasladarse Zapote, las fiestas josefinas se hacían en Plaza González Víquez.
Antes de trasladarse Zapote, las fiestas josefinas se hacían en Plaza González Víquez.

En 1969, cuando empezaron las fiestas de fin de año en Zapote, los puestos de venta se asignaban como todavía ocurre en turnos de pueblo.

El actual redondel de toros de Zapote. Esa plaza de toros puede alojar 2.700 asistentes.
El actual redondel de toros de Zapote. Esa plaza de toros puede alojar 2.700 asistentes.

Los interesados en explotar un espacio solicitaban a la Municipalidad de San José un derecho por el tiempo de las fiestas, recuerda Álvaro Zamora Castillo, historiador del ambiente taurino local y animador por años del redondel de Zapote.

Sin embargo, con el tiempo, la forma de repartir el pastel cambió: “Cada año, según se veía que Zapote dejaba más ganancias, los remates para el redondel y los chinamos se pusieron más caros”.

Ahora todo es distinto. La situación obligó a reducir la cantidad de remates pues no se lograba vender todos los puestos, explicó Leonardo Araya, presidente de la Comisión Nacional de Festejos Populares.

Hoy, 45 años después, la asignación de chinamos y la explotación del redondel se reducen a un par de empresarios.

Solo ellos podrán cobrar por las actividades, al tiempo que son los responsables de que estas se lleven a cabo.

Imagen de las fiestas de un diciembre a inicios de los años 70.
Imagen de las fiestas de un diciembre a inicios de los años 70.

“Hoy es más fácil vender todo en un remate. Hace años, todavía en diciembre, estábamos haciendo remates. Era mucha la incertidumbre por los ingresos previstos”, precisó Araya.

La dinámica actual explica por qué, el 22 de octubre anterior, la explotación del redondel de Zapote llegó a adjudicarse en la histórica cifra de ¢520 millones tras una puja donde se impuso el empresario Claudio Poma . También ilustra cómo, por segundo año consecutivo, el empresario Alejandro Morales obtuvo, por ¢225 millones, los derechos de uso de todos los chinamos del campo ferial.

Así, solo dos remates con gran antelación a las fiestas le dejaron ¢745 millones al ayuntamiento josefino.

Precios. Leonardo Araya asegura que las subastas millonarias no impactaron los precios cobrados a los visitantes.

“Son accesibles para toda la gente”, afirma.

Su opinión difiere de la de Warner Bolaños, empresario ligado a esos festejos en los últimos 15 años y quien promovió que empresas privadas organizaran las corridas.

De acuerdo con el criterio de Bolaños, Zapote es menos atractivo para muchos costarricenses, en parte porque el sistema de remates sí afecta los precios.

En el mismo sentido se pronuncia Zamora, para quien, en el pasado, había posibilidades para todo presupuesto.

Este año, el monto base para explotar las corridas arrancó en ¢265 millones, pero la puja lo elevó a ¢520 millones.

El campo ferial de Zapote, el 28 de diciembre pasado. El empresario que este año explotará los puestos de ventas, es el mismo del año anterior.
El campo ferial de Zapote, el 28 de diciembre pasado. El empresario que este año explotará los puestos de ventas, es el mismo del año anterior.

“Hace ocho años, en Zapote se veía una masa de gente moviéndose en todo sentido. Ahora parece más como ir a la plaza de la Cultura. Se ve menos gente porque hay menos atracciones y precios accesibles”, afirma Bolaños.

En el 2007, una entrada al redondel costaba de ¢5.000 a ¢8.000. El año pasado, iba de ¢8.000 a ¢15.000.

Una familia de cuatro miembros podía gastar hasta ¢60.000 en una corrida, sin incluir gastos en comidas o disfrute de juegos mecánicos. El año anterior, solo en la venta de entradas al redondel, se recaudaron ¢727 millones, indican datos de la Municipalidad.

Al subir los precios, decayó la oferta de atracciones, afirma Roberto Camacho, empresario y productor de eventos que manejó el redondel durante cuatro años.

Para Camacho, Zapote colapsó hace años porque, al costo inicial de la subasta, deben sumarse gastos de producción. El año anterior, cuando él aún manejaba las corridas, estos costos ascendieron a ¢250 millones.

“Aun con patrocinios, ¿dónde está el negocio? No lo veo, y menos pagando tanto por el derecho de explotación”, concluyó Camacho, quien ahora se aventura con una feria similar a la de Zapote en el Centro de Eventos Pedregal, en Belén, Heredia.